domingo, 16 de octubre de 2016

Paisajes Culturales ¿Vestigios u Oportunidad? De nuevo sobre la Fábrica del Pilar.

Si bien un Paisaje, en general, se define por una serie de características morfológicas, estructurales y funcionales, y un Paisaje Natural encuentra en la conservación de la biodiversidad y la integridad del Ecosistema los elementos que lo caracterizan, los Paisajes Culturales centran sus elementos definitorios en la historia humana, en la continuidad de las tradiciones culturales y en los valores sociales de las diversas comunidades históricas que han ido ocupando y explotando un territorio más o menos definido y acotado a lo largo de los diversos periodos históricos.

En este sentido, un PAISAJE CULTURAL es el resultado de la interacción de las diferentes comunidades humanas con el medio natural en el que se insertan a lo largo del tiempo, dando lugar a un territorio que es percibido y valorado por sus cualidades culturales. Es, pues, producto del citado proceso e interacción Hombre-Entorno, fundamento y soporte de la identidad de una comunidad.

Con ello, el término Paisaje Cultural abarca una diversidad de manifestaciones fruto de la referida interacción entre el Hombre y el Medio Ambiente natural en el que se desenvuelve, reflejando con frecuencia técnicas específicas del uso y explotación (más o menos) sostenible de la tierra y sus recursos, tomando en consideración las características y límites del entorno natural en el que están establecidas, así como la relación espiritual específica con la Naturaleza.

En 1992 se celebró en Santa Fe (Nuevo México) la Convención de Patrimonio de la Humanidad, siendo el primer instrumento legal internacional para el reconocimiento y la protección de los Paisajes Culturales. En esa su decimosexta reunión, el citado Comité estableció una serie de pautas a seguir y tener en cuenta con respecto de la inclusión de estos Paisajes en la Lista del Patrimonio de la Humanidad, reconociendo en el Artículo 1 de dicha Convención que los Paisajes Culturales representan las "obras combinadas de la naturaleza y el hombre", en tanto que se trata de un tipo de Paisajes ilustrativos de la evolución de las sociedades históricas y a través del tiempo bajo la influencia de las restricciones físicas y/o las oportunidades que brindaba su entorno natural, junto a las sucesivas fuerzas sociales, económicas y culturales generadas, tanto internas como externas.

De igual modo, distinguieron entre tres categorías de Paisajes Culturales, a saber:
  • Paisaje claramente definido. Paisaje creado y diseñado intencionadamente por el ser humano. Se trata de paisajes ajardinados y parques construidos por razones estéticas, asociados o no a edificios religiosos y/o a monumentos.
  • Paisaje evolucionado orgánicamente. Paisaje que ha evolucionado hasta la forma actual como respuesta a la adecuación de una comunidad a su entorno. Este proceso se refleja a su vez en dos subtipos:

ü  El paisaje vestigio, aquel cuyo proceso evolutivo concluyó en el pasado pero sus rasgos característicos son todavía visibles materialmente.
ü  El paisaje vivo, el que conserva un papel social activo en la sociedad contemporánea, asociado al modo de vida tradicional y cuyo proceso de evolución sigue activo.
  • · Paisajes culturales asociativos. Paisajes en los que existen fuertes vínculos religiosos, artísticos o culturales con el medio natural, no siendo necesarias pruebas culturales materiales, las cuales pueden ser poco significativas e incluso inexistentes. Es el caso, a modo de ejemplo, del Palmeral de Elche (Alicante), inscrito en la lista del Patrimonio Mundial en el año 2000; o los regadíos de origen nazarí del Valle y Sierra de la Alpujata, en Monda (Málaga), la cual conserva una extensa red de acequias y albercas que dan sustento a numerosas huertas y varios molinos harineros de época andalusí.


En nuestra región contamos, por ahora, con un único Paisaje de Interés Cultural catalogado por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico de la Conserjería de Cultura de la Junta de Andalucía, se trata del Paisaje Minero de Sierra Lújar (al cual no le vendría nada mal, por otro lado, la declaración de Parque Natural). A él añadir el Paisaje Agrario del Alto Río Verde (http://www.juntadeandalucia.es/cultura/blog/registro-de-paisajes-de-interes-cultural-de-andalucia-una-seleccion-de-paisajes-para-su-conocimiento-y-valorizacion-como-patrimonio-cultural/).

Con toda seguridad, el importante Patrimonio Industrial que representan los diversos complejos fabriles azucareros que se diseminan por nuestra recoleta (a nivel patrimonial) geografía costera, cumple con las condiciones esenciales y exigibles para merecer engrosar ese listado para la provincia de Granada. Así lo corroboran la declaración de Lugar de Interés Etnológico de la Azucarera Nuestra Señora del Rosario de Salobreña, o la de Bien de Interés Cultural de la Fábrica del Pilar de Motril, los Primi Pilari de este importante bagaje industrial azucarero que hizo de esta región uno de los pocos espacios geográficos con más fábricas por metro cuadrado de Europa en el periodo de finales del siglo XIX y principios del XX, albergando un verdadero tesoro en su interior en forma de maquinaria.

Es precisamente éste último caso, futura sede del Museo Industrial del Azúcar y pretendido referente museístico y de investigación sobre el azúcar y sus procesos de elaboración, que ha sido noticia en las últimas semanas con motivo de las obras de rehabilitación de su imponente chimenea, que el otoño pasado sufrió las consecuencias de un fuerte temporal, el cual socavó su estructura con grave peligro de derrumbe.
Es en esta inercia informativa generada que, además, se ha hecho saber que dicha fábrica optará a beneficiarse de 2,2 millones de Euros procedentes de fondos europeos, los cuales han de propiciar ese impulso definitivo hacia el ansiado (suponemos) y merecido puesto de referencia patrimonial, cultural e investigador. Si es que finalmente nuestras autoridades “competentes” toman cartas en el asunto de manera decidida (en cuanto festivales y canonizaciones dejen un poco de margen de actuación).

Y es que la propuesta presentada en su día ciertamente es ambiciosa, contando con un Plan Director aprobado el pasado año 2015, en el que se contemplan varios núcleos museísticos interiores y exteriores mediante los cuales exponer y recrear el proceso de recepción y transformación de la caña, y la posterior elaboración del azúcar. A ello añadir la presencia de espacios expositivos y de documentación e investigación de material de archivo y documental. Todo aderezado con una cafetería-restaurante temática en torno al azúcar y sus usos y bondades gastronómicas.

Todo un reto que, de conseguirse, verdaderamente supondrá un excelente complemento museístico al también motrileño Museo Preindustrial de la Caña y a la oferta cultural y turística de la región, esperando animar y fomentar la recuperación de otros complejos fabriles de la zona que engrosen el catálogo de este Paisaje Cultural azucarero de primer nivel tan nuestro y tan característico, a la espera como están de que les quitemos ese espeso y pesado velo que supone el olvido, el abandono y la dejadez con que la sociedad y las administraciones tratan a sus “trastos viejos” en favor de alternativas de inmediata y lustrosa repercusión-compensación económica en forma de Festivales, Sacras y Patrias Coronaciones o el tan de moda postureo gatronómico postmoderno, lo cual también está bien, no siendo (o no debería serlo) incompatibles, a nivel presupostario y de inversión, con la apuesta por otros ámbitos patrimoniales.

Un importante primer paso a tal efecto sería el de concienciar a las autoridades, especialmente locales, de que el Patrimonio no se pinta de uno u otro color político según los tiempos, sino que debería ser tomado como propio por parte de todas las fuerzas políticas, aunando esfuerzos para proponer y sacar adelante proyectos tan ambiciosos como puede ser el del Museo del Azúcar de la Fábrica del Pilar, pues trabajan (en gobierno y en oposición) por y para el Bien de la Sociedad, que es al fin y al cabo a quien pertenece el Patrimonio y a quien debe regresar para su uso y disfrute social, cultural y, por qué no, económico. Sí…… ardua tarea.

Con lo expuesto, pues, la conservación, protección y correcta gestión de nuestros paisajes culturales puede contribuir, como ya se está demostrando, a las técnicas modernas de uso sostenible del territorio, así como mantener e incrementar los valores naturales del paisaje. No en vano, la continuada existencia de formas tradicionales de uso y explotación de la tierra sostiene la diversidad biológica en muchas regiones de la tierra. Ello se antoja, por lo tanto, útil y necesario para el mantenimiento de la diversidad biológica.

En este sentido, la Estrategia Territorial Europea (ETE) considera igualmente los Paisajes Culturales como un factor económico importante para el desarrollo sostenible, siendo España uno de los países con mayor diversidad de paisajes culturales, los cuales son cada vez más objeto de estrategias de desarrollo turístico y territorial por parte de las distintas administraciones, evitando de este modo las amenazas a las que suelen están sometidos por múltiples intereses.

Se trata de planes y estrategias de desarrollo y gestión sostenible basados esencialmente en la sensibilización de la población, la participación pública (e incluso privada) en relación con los valores colectivos del territorio y en la introducción de los paisajes culturales en la educación y formación de expertos y técnicos en Gestión del Patrimonio y Paisajismo. Para ello, como instrumento fundamental previo a su especial protección se hace necesaria la catalogación de los diversos espacios y entornos, fundamentada en una serie de criterios de valoración:
  • Valores intrínsecos (representatividad, ejemplaridad, autenticidad y singularidad).
  • Valores patrimoniales (significación histórica, social, ambiental o procesual).
  • Valores potenciales y viabilidad (situación que permita su gestión, la prevención de su vulnerabilidad, rentabilidad social). 


Otros instrumentos a tener en cuenta e igualmente necesarios son:
  • Las fuentes de información existentes (inventarios o registros documentales).
  • La elaboración de estudios integrales o específicos, Planes Directores de actuación, Proyectos de intervención que marquen las pautas a seguir y, finalmente, un Plan de Gestión o conjunto de acciones que garanticen un desarrollo sostenible.



Finalmente, otro aspecto de capital importancia (y a menudo fundamental) son, evidentemente, las fuentes de financiación. Pero eso, querido Sancho, es ya otro cantar.

José María García-Consuegra Flores.
Historiador y Arqueólogo.

miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Paleolíticos en la Costa de Granada?

Con el presente trabajo, nuestros compañeros Federico Martínez y Carlos Sarompas ponen sobre la mesa uno de los aspectos científico-arqueológicos más controvertidos del periodo prehistórico de nuestra región, la presencia/ausencia, no ya de restos fósiles de nuestros antepasados homínidos, sino de las evidencias de su cultura material. Más teniendo en cuenta que en regiones vecinas ambos aspectos han sido bien documentados, constatando la ocupación y explotación de su territorio por parte de comunidades humanas durante el Paleolítico.

Y ello lo hacen a través de este pequeño trabajo, inédito por otra parte (cosa que agradecemos), de una manera divulgativa y amena, aunque sin perder un ápice de rigurosidad. Un texto que viene acompañado de una amplia bibliografía para todos aquellos que se sientan interesados y atraídos por el tema y quieran profundizar algo más al respecto.

Sin más, de nuevo agradecer a Carlos y a Federico su compromiso con nuestro Patrimonio, el conocimiento de nuestro Pasado y su divulgación.


¡Toc, toc!: hola, ¿hay alguien ahí?... nadie responde.
Esa puerta a la que metafóricamente tocamos, está cerrada de momento para los investigadores y para los que queremos conocer la Prehistoria de la Costa granadina, en lo que a la presencia humana durante el Paleolítico y el Mesolítico (período arqueológico que se sitúa entre el final del Paleolítico Superior y el Neolítico) se refiere.
Y por si fuera poco, sobre nuestra imaginaria puerta parece estar escrito este texto de advertencia: "Está usted abandonando la zona de confort del Neolítico, se recomienda no pasar, no garantizamos su seguridad intelectual".

Entonces, vamos a ver que yo me entere: el género Homo/humano existe en la Tierra desde hace más o menos tres millones de años, ¿pero ninguno de nuestros congéneres se dignó, al parecer a darse una vueltecita por aquí hasta hace unos 7500 u 8000 años? ¡¡Toma ya!! ¡¡2.992.000 años, poco más o menos, sin darse cuenta que existía la Costa Tropical!!

Al menos de momento, no tenemos certezas (aunque sí indicios, como veremos después) de que grupos humanos vivieran en estas tierras antes que las gentes neolíticas, aunque cierto es también que buscar, lo que se dice buscar, tampoco es que se haya buscado demasiado, porque casi todo lo que conocemos del pasado prehistórico de la Costa granadina es fruto de la casualidad, del expolio o de intervenciones arqueológicas prospectivas motivadas, la mayoría de ellas, por la construcción de infraestructuras o de edificios.

Grosso modo, estas son las fuentes arqueológicas de las que bebemos en lo que al conocimiento de la  Prehistoria de nuestra Costa se refiere:
·         Los dos sondeos de la Cueva del Capitán (Pellicer, 1962 y Navarrete, 1970).
·         La excavación de urgencia en el Peñón de Salobreña (Arteaga, 1993).
·         El proyecto de prospección del sector oriental  de la costa de Granada dirigido por Antonio Malpica bajo el título "Análisis de las secuencias del poblamiento medieval de la costa granadina y el Proyecto Geoarqueológico de las costas de Andalucía”.
·         El llamado "Proyecto Costa", en el sector de la costa mediterránea andaluza, entre 1985 y 1988 (Hoffmann, 1988; Arteaga y Hoffmann, 1999).
·    Los estudios de los materiales hallados y las prospecciones superficiales realizadas en la sima de los Intentos y en la cueva  de las Campanas de Gualchos-Castell de Ferro (Mengíbar et al. 1983; Navarrete, 1986); en la de los Murciélagos de Albuñol (Carrasco y Pachón, 2009 y 2010); y en la zona de los Tajos de los Vados (Martínez Rodríguez, 2014).
·         Además de las diferentes prospecciones realizadas principalmente con motivo de la realización de infraestructuras.

Por otra parte, sabemos que hubo ocupación anterior al Neolítico en lugares que se encuentran dentro de un radio de 50 km del punto central de la Costa granadina (que viene a ser más o menos Motril), como en las malagueñas cuevas de Nerja y del Boquete de Zafarraya (Alcaucín) o en la granadina de los Ojos (Cozvíjar). La primera de ellas con secuencias estratigráficas del Paleolítico Superior que alcanzan el periodo Gravetiense (Aura et al., 2002, 206, 2010; Jordá y Aura, 2006, 2008a, 2009; Jordá et al., 2008b; Sanchidrián et. al. 2013), hace algo menos de 300.000 años.
La segunda con ocupaciones que se remontan al final del Paleolítico Medio, hace unos 50.000 años, donde está atestiguada paleontológicamente su ocupación por el hombre de Neanderthal (Homo neanderthalensis) (coord. Barroso, 2003); y la de los Ojos, que bien pudo ser un campamento temporal recurrente de cazadores solutrenses (unos 20.000 años, Paleolítico Superior) (Toro y Almohalla, 1985).

Pero, aunque la falta de investigación sea probablemente determinante a la hora de explicar la ausencia de pruebas de la presencia humana en nuestra comarca antes del Neolítico, hay sin duda otros factores que debemos tener en cuenta.
Porque no debemos perder de vista que muchas de estas pruebas seguramente están ocultas por los sedimentos que cubrieron las orillas menos escarpadas de los valles fluviales, primero inundadas por la subida del mar postglacial, que llamamos Transgresión flandriense (que tuvo su máximo aproximadamente 6.500 años) y luego colmatados, bien por las propias aguas del mar de Alborán, que en su ascenso inundaron la llanura costera que se extendía hasta el borde de la plataforma continental que dejó al descubierto la acumulación de hielo durante la última fase glacial, borrándose con ello las pruebas que tanto anhelamos, bien dejándolas solo accesibles a los submarinistas.

Sin duda, todas estas incertidumbres y vaivenes geomorfológicos y paleoceanográficos, ayudaron a proponer la hipótesis de que los restos preneolíticos de la Costa granadina habría que buscarlos seguramente en los barrancos tributarios del Guadalfeo que quedaron libres de esta dinámica postglacial, especialmente en las terrazas que se formaron por encima de las antiguas desembocaduras.

De igual manera, la escasa densidad poblacional de los cazadores-recolectores, y lo esporádico y disperso de sus ocupaciones, tampoco han ayudado demasiado, dejando escasísimos rastros materiales para que haya ciertas posibilidades de encontrarlos. Porque, esa es otra, estos y estas cazadores-recolectores-mariscadores-pescadores no solo deben haber dejado pistas de su presencia, sino que además hay que encontrarlas, y teniendo en cuenta, por si fuera poco, la tremenda transformación del territorio que se ha sufrido en estas costas (escuché a alguien decir una vez que a estas tierras el hombre le había dado la vuelta como a un calcetín) termina por convertir nuestro empeño en una "misión imposible".

Entonces, ¿no tenemos nada que nos haga sospechar que algún preneolítico nos hiciera el honor de visitar alguna vez nuestra costa? Bueno, nada nada, no, pero casi, ya que hasta ahora solo disponíamos de los comentarios que realizó Pellicer (1993) sobre la posible presencia de un nivel estratigráfico mesolítico en el ya mencionado sondeo de la cueva del Capitán, y sus conjeturas sobre "... la muy probable existencia de [...] industrias primitivas de cantos tallados en ramblas [...] como la de Escalate [...] del Guadalfeo, o la de Molvízar...". Así como las alusiones de Francisco Lombardo, antiguo párroco de Salobreña, a unas hachas paleolíticas halladas en el término salobreñero (1988), probablemente en referencia  a una de las piezas que se conservan en la Exposición Arqueológica Municipal de esta localidad, que Pellicer (1993) cita como procedente del Monte Hacho y atribuye al Calcolítico, pero que Lombardo (la persona que la donó a la Exposición) manifestó que procedía del interior de la provincia, y que nosotros consideramos que tipológicamente parece atribuible al Paleolítico Inferior.

Y decimos hasta ahora porque la recuperación en los fondos arqueológicos municipales de Salobreña de una raedera lateral apuntada de sílex, de tecnología musteriense, propia del Paleolítico Medio, procedente de uno de los barrancos cercanos a Lobres, puede erigirse en la primera pieza arqueológica paleolítica de toda la costa granadina, con las reservas propias derivadas del desconocimiento de su contexto concreto. Este hecho permitiría retrotraer la cronología de los primeros pobladores en nuestra región del Neolítico (6.000-5.000 a.C.) hasta hace unos 40.000-30.000 años, devolviéndonos una ilusión casi perdida por encontrar huellas de la presencia de los primeros humanos paleolíticos en la Costa granadina.




Carlos E. Sarompas Cazorla y Federico Martínez Rodríguez.



Bibliografía

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lunes, 18 de julio de 2016

HAMID AL-SALAWBINI. "Retorno a la Madina de los dos mares".

LA AÑORADA MEZQUITA.

Mientras ascendía por la empinada cuesta y serpenteaba plácidamente por las sombrías y refrescantes callejuelas, no paraba mi mente de reproducir aquellas palabras del maestro al-Jatib: "tiene una mezquita de magnífica arquitectura".

Ya en la plaza, donde diariamente los ruidos, voces y olores del Suq inundan ese modesto espacio neurálgico de la Madina, mis ojos se fueron de manera mecánica hacia la imponente figura del alminar de mi añorada mezquita, que desde su posición privilegiada se alzaba majestuoso, predominando aún, física y espiritualmente, todos los aspectos de la vida de los salobreñeros.

Todavía faltaban unas horas para la oración del Asr, así que me apresuré esquivando el ya menguado bullicio de la plaza, subiendo por la callejuela que asciende entre la mezquita y el aljibe, bordeando por su base el alminar y alcancé el pequeño espacio que se abre frente a la entrada principal del sagrado edificio. ¿Cuántos años habían pasado?, ¿Cuántas veces, siendo un niño, no repetí el mismo gesto? De pie frente a la fachada principal, me fascinaba otear el mar desde la plataforma en la que asienta el templo; el serpenteante litoral; la verde vega; el plateado hilillo fluvial que representaba nuestro Wadi-l-Fah; todas las sierras y lomas que circundan y protegen del implacable frío de las majestuosas montañas del Sulayr este pequeño territorio, salpicado de pequeñas manchas blancas de las diversas alquerías… y, de repente, todo ello queda eclipsado por esta “mezquita de magnífica arquitectura”, en la que la esbelta palmera y los puntiagudos cipreses que despuntan por encima de la tapia del patio compiten, infructuosamente, en altura y belleza con la torre del alminar.

A pesar de los años transcurridos, el jazmín que trepa y cubre parte de la fachada continúa embriagando este espacio, de manera especial las noches de verano… ¡ay, aquellas noches de verano!, tan lejanas en el tiempo y tan presentes en mi memoria. Esta imagen y estos recuerdos sensoriales no han dejado de acompañarme ni un solo día desde que el Imam Sahid me mandó a completar mis estudios y mi formación a Gharnata, bajo la tutela de su “hermano espiritual” Mazen, un “sabio atípico y particular”, como gustaba él llamarlo.

Y así quedé, como en aquellos lejanos años de juventud, sentado en el poyo de la casa frente a la mezquita, mi mezquita… mi casa. Contemplando el rítmico vaivén de las hojas de la palmera y de las puntas cónicas verde obsidiana de los cipreses del patio, azuzados por el viento frío que desde primeras horas de la tarde se había levantado. Un viento fresco y marino que anunciaba esas tardes frías y de cielo azul profundo que caracterizan los meses de Muharram en esta región costera del Reino. Un remanso de tranquilidad y paz dentro de la vorágine cainita y de inestabilidad en la que entró nuestra casa real nazarí, especialmente desde que los reyes cristianos, unidas sus fuerzas en convenido matrimonio, y con el apoyo del resto de la Cristiandad, decidieron culminar la conquista que siglos atrás iniciaron los diversos reinos cristianos del norte, antaño controlados y sometidos.

Y así fue que, después estos recuerdos y reflexiones, finalmente me decidí a entrar al sagrado y plácido patio ajardinado, en el cual volví irremediablemente a quedar embaucado. Nada había cambiado. Dentro de sus muros, donde bajo la atenta mirada y protección del alminar el hombre se mimetiza armoniosamente con la vegetación y el discurrir del agua de los canalillos y fuentes, todo sucedía con lentitud, con pausa, en voz baja.

Ningún sonido, ninguna voz ahogaba la de los demás. Les oía hablar y me dejaba llevar de la melodía de esa lengua de consonantes duras que, alternadas con las profundas aspiraciones y las largas vocales abiertas, dan lugar a un canto de cadencia singular. Oía al mismo tiempo el rumor del agua y el tenue viento que movía las hojas del limonero, del granado, del azahar, de los arrayanes… esparciendo sus vívidos aromas. Y me quedé traspuesto mirando el chorro del surtidor: un movimiento tan absorbente y fascinante como contemplar la danza de las llamas del fuego del invierno...

miércoles, 6 de julio de 2016

Descifrando un curioso mensaje encriptado en una lucerna romana del Peñón de Salobreña.

Con este nuevo Post queremos hacer notar que la Historia es algo más que grandes batallas, grandes personajes históricos, imperios, conquistas y grandes monumentos. En realidad es la gente común y la vida cotidiana que éstos desarrollan, y que se manifiesta de manera tozuda y constante en las investigaciones históricas y arqueológicas, la que conforma el llamado Proceso Histórico. En la sombra, eso sí.


Por otro lado, con el presente trabajo se constata la estrecha relación que nuestras costas han mantenido históricamente con las vecinas costas norteafricanas. Y es que, no está de más recordar que este Mediterráneo ha sido siempre una vía de conexión e interacción fluida y constante con las poblaciones mauritano-magrebíes, entre otras. No será hasta hace cuatro días, como quien dice, que por avatares político-religiosos este mar parece separarnos más que unirnos.

En este caso, nuestros compañeros Federico Martínez Rodríguez y Manuel Márquez Cruz nos presentan un minucioso estudio histórico-arqueológico de una curiosa pieza procedente del Museo de Historia de Salobreña. Una de las tantas modestas piezas que suelen pasar desapercibidas en los museos, pero que tienen tanto que decirnos.....

Sin más, pues, os presentamos un muy interesante trabajo realizado por los compañeros citados, el primero de los cuales ya ha colaborado en alguna ocasión en este su y nuestro Blog. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla, Federico ejerció de arqueólogo dirigiendo numerosas intervenciones arqueológicas y fue conservador del Museo Minero de Riotinto (Huelva). Ha publicado múltiples artículos en publicaciones especializadas en Prehistoria y Arqueología.

En el caso de Manuel, es la primera vez que colabora con nosotros. Doctor en Filología Clásica (especialidad en Filología Latina) por la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad de Estudios Latinos, tiene publicados diversos trabajos sobre la Salobreña romana de gran interés.

Ambos forman parte de S.E.L. (Salobreña Estudios Locales), grupo de investigadores locales que desde hace un tiempo vienen sacando a la luz múltiples trabajos sobre nuestro Patrimonio histórico y arqueológico. Una labor que, si bien ha ido creciendo en los últimos años, esperamos siga con esa inercia creciente.

Gracias, pues, Federico y Manuel.



Nuestro Museo Histórico de Salobreña, oficialmente conocido como Exposición Arqueológica Municipal Permanente, encierra en sus vitrinas cientos de piezas rescatadas de su maltrecho y olvidado entorno arqueológico. La mayoría de ellas proceden del Peñón de Salobreña y se fechan desde la prehistoria hasta el mundo medieval. El museo lo visitan anualmente decenas de miles personas, entre ellas historiadores y arqueólogos. Pero, que sepamos, nadie había reparado hasta ahora en una modesta lucerna (lámpara de aceite de arcilla), incompleta y erosionada, con restos de una inscripción en la orla, escrita en latín con letras capitales (mayúsculas). 


Lucerna del Peñón (arriba) y lucerna similar completa hallada en Tipasa (costa de Argelia).

La Lucerna constituyó la unidad básica de iluminación del mundo romano, siendo común su uso en hogares, templos, barcos, minas, tumbas, etc. Por curiosidad, abordamos su estudio de este ejemplar a modo de pequeño divertimento arqueológico. Sabíamos que de estas lámparas se fabricaban cientos, miles a partir de un sólo molde, por lo cual en algún lugar debían conservarse piezas similares completas. También teníamos claro que estábamos ante una lucerna de las llamadas africanas o paleocristianas, por pertenecer a los primeros siglos del Cristianismo y presentar habitualmente símbolos cristianos como la cruz, el Crismón, el buen Pastor, la paloma, la palma, etc. Estos símbolos, junto a la propia llama de la lucerna, se asociaban a significados como la luz de Cristo, la luz de la Resurrección o la llama de la fe. Por ello pensábamos que el texto debía encerrar algún mensaje cristiano que teníamos curiosidad por descifrar.

Reproducción de Lucerna.

En primer lugar, había que identificar las letras reconocibles del texto, pero apenas podíamos leer:

……ENE L. / .ERNAS VENAL…,

Sorprendiéndonos el significado de la última palabra: “VENAL” (vendible), asociada a una penúltima palabra que parecía ser “LVCERNAS” (¿lucernas vendibles?), un mensaje sorprendentemente alejado del espíritu cristiano que esperábamos encontrar.

Investigando descubrimos que el arqueólogo Jean Bussière llevaba más de veinte años estudiando estas lámparas que él llamó: “lucernas de canal curvo” (tipo E IV 2). Sus principales conclusiones para nosotros son que se fabricaron en los siglos IV-V d.C., concretamente en Tipasa, ciudad próxima a Cesarea, ambas antiguas ciudades de la provincia romana llamada Mauritania Cesarensis (actual costa de Argelia), donde se han hallado moldes idénticos. De estas lucernas Bussière identificó dos grandes grupos: uno decorado en la orla con motivos vegetales sin texto, y otro con un texto en lugar de las decoraciones. Este investigador recopiló siete variantes textuales. De ellas el segundo tipo incluye la inscripción:

AB ASSENE LV / CERNAS VENALES,

Texto completo que coincidía letra a letra con las de nuestra lucerna, permitiéndonos recomponer los caracteres ilegibles o perdidos, al ser piezas salidas del mismo molde, o similar. Su traducción era evidente para las dos últimas palabras, pero no tan clara para las dos primeras, de tal modo que se propusieron traducciones como: “lucernas vendibles con asa” o “lucernas vendibles por un As”. La primera insulsa, y la segunda anacrónica porque el As, como moneda, ya no circulaba en los tiempos en que circularon estas lucernas.

El hallazgo de otras lámparas con textos que incluían las palabras: “OFICINA ASSENIS” nos certificaban que estábamos ante productos alfareros del taller de Asen, o Asenio. Así, en nuestro caso, la traducción correcta sería: “lucernas vendibles de Assen, o Asenio”. Un significado tan profano como inesperado, resultando que el tal Assen/Asenio, nombre extraño, al parecer de orígen africano, debió ser el alfarero o propietario del taller, que utilizó sus propios productos para hacerse propaganda.

Recordar que un mensaje publicitario aun más directo aparece en otras lucernas del mismo alfar: “EMITE LVCERNAS / COLATAS AB ASSENE” (compra lucernas finas de Asenio). En resumen, un curioso ejemplo de marketing comercial romano directo al consumidor, en un mercado en el que no era fácil introducirse y competir con importantes talleres que fabricaban industrialmente miles de artículos, con clientes y vías de comercialización bien asentados.

Lucernas como esta del Peñón, son excepcionales en España, hallándose sólo en la costa mediterránea andaluza y levantina. Sabemos que dos lámparas idénticas fueron halladas en Vergi (Berja, Almería) y Nechite (Alpujarra granadina), posiblemente transportadas por el mismo barco, flota o compañía que desembarcaría sus mercancías en los puertos de Abdera (Adra) y Segalvina (Salobreña), como así consta el nombre de la antigua Sel/Selambina en el concilio de Elvira a comienzos del siglo IV. Estas lucernas debieron importarse junto con otras cerámicas africanas infinitamente más abundantes, como la terra sigillata africana, cerámicas africanas de cocina y ánforas africanas para aceite y salazones de pescado.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BUSSIÈRE, J. (1992): “Lampes d´Algérie. (Lampes à canal courve de Maurétaine Césarienne)”, Antiquitées africaines, n 28, pp. 187-222.

BUSSIÈRE, J. (2000): Lampes antiques d’Algérie.

BUSSIÈRE, J. (2012): “Production et circulation des lampes tardives de L’Argelie.” Le luminaire antique. Lychnological Actes 3, Universidad de Heidelberg, pp. 55-68

di STEFANO MANZELLA, I. (2010): “Emite lucernas colatas venales icones de oficina Assenis et Donati: un esempio epigráfico di marketing antico con promozione pubblicitaria ‘gridata’”, en M. Milanese, P. Ruggeri et C. Vismara (eds.), L’Africa romana. I luoghi e le forme dei mestieri e della produzione nelle province afri- cane, Atti del XVIII convegno di studio Olbia, 11-14 diciembre 2008, Roma 2010, pp. 1501-1528.

MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, F.; SAROMPAS, C. E.; GARCÍA-CONSUEGRA, J. Mª.; MÁRQUEZ, M. (2015): Salobreña. De sus orígenes a la Edad Media. Ayuntamiento de Salobreña.

MARTÍNEZ RODRÍGUEZ FEDERICO; MÁRQUEZ CRUZ, MANUEL (2015): “Descifrando una curiosa historia encerrada en una lucerna romana del Peñón de Salobreña”. Lugares Comunes 3, Magazine trimestral contemporáneo e independiente, pp: 168-169.

MANUEL MÁRQUEZ CRUZ, FEDERICO MARTÍNEZ RODRÍGUEZ (2016): “Una lucerna epigrafía en el Museo Histórico de Salobreña (Granada)”. Ficheiro Epigráfico 136 (Suplemento de Conimbriga), Facultad de Letras. Universidad de Coimbra, inscripción 565. http://www.uc.pt/fluc/iarq/pdfs/Pdfs_FE/FE_136_2016


viernes, 13 de mayo de 2016

“En lo alto de la torre ha de haver constante un centinela de dia, y de noche, á cuyo cargo estará dár las señales de seguridad ò rebato”. LA TORRE DEL CAMBRÓN DENTRO DEL SISTEMA DEFENSIVO DE LA COSTA GRANADINA EN ÉPOCA MEDIEVAL Y MODERNA. UNA VISIÓN GLOBAL.

Sobre el cerro de la margen izquierda del barranco del mismo nombre se levanta la conocida por todos los salobreñeros como Torre del Cambrón, hoy dentro del recinto del Hotel Salobreña. Se trata de una torre vigía declarada como Bien de Interés Cultural (B.I.C.) catalogada dentro de la categoría jurídica de Monumento, en la tipología de Torre Defensiva.

Vista aérea del Hotel Salobreña, en la década de 1970.

La estructura que actualmente podemos observar es la de una torre maciza con un acceso situado a 5 m de altura respecto del nivel de circulación. Este acceso, abierto al norte, presenta un arco de medio punto y jambas de ladrillo.
El interior es una estancia circular con una bóveda del tipo media naranja y cuenta con un total de tres troneras abiertas hacia el este, el oeste y el sur. Cuenta, además, con una escalera embutida en el propio paramento que permite subir a la azotea, así como una chimenea con salida de humos hacia la terraza.
De cuerpo cilíndrico, alcanza una altura de 10,50 m, con un refuerzo ataluzado en la base, de 3,90 m de diámetro. Se le atribuye un origen nazarí (siglos XIV-XV), siendo reformada y consolidada durante la primera época castellana (siglo XVI) y reacondicionada  y mejorada en el periodo moderno (siglo XVIII).

 Vista actual de la Torre del Cambrón.

Sección de la Torre según un documento de 1868.

Como se ha dicho, en base a su técnica constructiva se la considera de origen nazarí. Así lo hace pensar su cuerpo de fábrica, realizado mediante mampostería de mediano tamaño concertada en hiladas separadas por verdugadas de lajas esquisto-pizarrosas, todo ello trabado con mortero de cal.

En los primeros tiempos de dominio castellano (siglo XVI), dentro del programa de refortificación general llevado a cabo por los Reyes Católicos para la defensa del nuevo territorio conquistado, se le realizan diversas reformas y refuerzos de cara a adecuarla a las nuevas condiciones bélicas de la época. Fue entonces cuando se recreció en 2 m la estructura con el objeto de dotarla de una azotea lo cual, a su vez, llevó a construir un revellín ataluzado en la base que consolidase la estabilidad de la torre.

Más adelante, a lo largo del siglo XVIII, se irá reestructurando y mejorando el conjunto, especialmente su estancia, la puerta de acceso y la construcción de un matacán provisto de buharda, situado sobre la vertical de la puerta a 9 m de altura respecto del suelo.

Es un modelo de torre vigía que responde a una tipología constructiva y militar que se repite en la inmensa mayoría de torres y atalayas que erizan la costa andaluza, en tanto que representaban la primera línea de defensa de la Corona tras la caída del sultanato nazarí, y hasta entrados ya el siglo XVIII.


 
Detalle de la técnica constructiva y de la puerta de acceso al interior de la torre.

El papel que esta torre vigía del Cambrón ha ejercido dentro del sistema defensivo de la costa del Reino de Granada, especialmente en época Moderna, queda constatado por las numerosas referencias documentales en las que aparece. Es a través de estas referencias que podemos hacernos una idea de lo que representó esta atalaya, por entonces bajo jurisdicción de Almuñécar, así como de su evolución, estado y conservación a lo largo de los siglos. A continuación se expone una relación de estas referencias que abarcan desde el siglo XVI al XIX:
·         PROVISIÓN DE 1501. Se hace referencia a ella como última fortificación del término de Almuñécar, situada entre la Torre del Medio y la Estançia de los Henares, ésta ya dentro del término de Salobreña. Además se constata la asignación de tres Guardas para la torre.
·         VISITA DE 1571. Realizada por Antonio de Barrio y Luís Machuca, mencionando que de los tres guardas de la torre, dos debían realizar escuchas en la vecina Caleta de Viñas, situada al este de la torre.
·         RELACIÓN DE 1584. Hernando Hurtado de Mendoza hace constar la necesidad de reparar la Torre del Cambrón.
·         VISITA DE 1726. Realizada por Bartolomé Amphoux, el cual encuentra la Torre del Camurón en buen estado.
·         VISITA DE 1739. Realizada por el Marqués de Valdecañas quien tan sólo la menciona en su relación de torres, localizándola a levante de la Torre de los Diablos y a poniente de Salobreña.
·         INFORME DE 1759. Se trata de un informe sin firma en el que se indica que la Torre del Cambrón requiere de ciertos reparos.
·         VISITA DE 1762. Realizada por Antonio María Bucarelli el cual  se refiere a ella como la torre más oriental dentro del Partido de Almuñécar. Menciona que tenía un cuerpo de guardia formado por cinco Infantes, no necesitando reparo alguno a nivel estructural.
·         VISITA DE 1763. Realizada por Juan de Urbina quien refiere que tenía tres Torreros.
·         En el REGLAMENTO DE 1764 redactado por órdenes del monarca Carlos III se cita a la Torre del Cambrón dentro del Partido de Almuñécar, estando dotada de un Cabo y dos Torreros.
·         RELACIÓN DE 1765. Esteban Aymerick menciona la necesidad que tiene la Atalaya del Cambrón de una nueva bóveda, repellos y recalzos, todo ello presupuestado en 1.050 Reales de Vellón.
·         PLAN GENERAL DE OBRAS DE 1767. Redactado por José Crame donde se señala que la Torre del Cambrón requería de diversos reparos, para poder reactivar su servicio, presupuestados en 1.000 Reales de Vellón.
·         INFORME DE 1773. Redactado por Ramón de Nabas, se constata el buen estado en el que se encontraba la torre.
·         RELACIÓN DE 1774. Francisco Gozar recalca el buen estado de la torre.
·         INFORME DE 1781. También redactado por Francisco Gozar, en este caso refiere la necesidad de destinar 800 Reales de Vellón a la Atalaya del Cambrón para ciertos reparos.
·         INFORME DE 1783. Joaquín de Villanova constata la necesidad de un nuevo cerrojo para su puerta, presupuestado en 30 Reales de Vellón.
·         INFORME DE 1803. Felipe de Paz cita la Torre del Cambrón como la más oriental del Partido de Almuñécar, siendo de fábrica antigua para señales.
·         INFORME DE 1821. Juan Pérez presupuesta 400 Reales de Vellón para ciertos reparos en la Torre Atalaya del Cambrón.
·         INFORME DE 1830. Mauricio Rodríguez Berlanga describió la Torre vigía del Cambrón en el Partido de Almuñécar, contando con un Cabo y dos Torreros.Su estado aún era bueno.
·         En 1839 los Carabineros ocuparon la Torre.
·         En 1849 Miguel de Santillana señala que se encuentra en buen estado, ocupada por los Carabineros. Además, menciona que los Torreros destinados se alojaban en unas chozas situadas en la parte trasera de la torre, gozando de unas 50 fanegas de terreno.
·         MEMORIA DE 1857. José Herrera García refiere el buen estado general de la torre, si bien necesitaba de algunos reparos. La incluye entre las elegidas para instalar una estación telegráfica, la cual no llegó a realizarse.

La organización de la defensa de la costa granadina aparece estructurada como tal desde época islámica, más como organización del territorio que como concepto de “defensa” y de control militar de la costa frente a posibles ataques, aspecto que se desarrollará con la llegada de los castellanos. En el periodo andalusí este tipo de construcciones forman parte de un sistema de organización del territorio que se articulaba esencialmente en torno a núcleos urbanos, en este caso Almuñécar (al-Munakkab) y Salobreña (Salawbinya).

Será con la conquista castellana cuando, por orden de los Reyes Católicos, se estructure militarmente un sistema de vigilancia y defensa costero como tal, organizado en base a Torres y Atalayas intercomunicadas entre sí, desde el Campo de Gibraltar (Cádiz) hasta la costa de Vera (Almería). Este entramado defensivo no sólo respondía a la necesidad de prevención de ataques por parte de los berberiscos, sino también al establecimiento de una línea de vanguardia mediante la cual catapultar posibles campañas de conquista en el norte de África.

Es así como en 1497 se redacta la “Instrucción para la guarda de la costa”, origen de la mencionada estructura defensiva costera de la Corona. En ella se prohíbe la presencia de población islámica “a una legua a la redonda, so ciertas penas”, si bien se permitían algunas excepciones, en cuyo caso debían correr con el gasto de mantenimiento de las “estançias”. Sobre este documento, a lo largo del siglo XVI se desarrolla una compleja legislación en la que se establece tanto la organización, funcionamiento y oficios vinculados al sistema defensivo costero, como las “guardas, escuchas, y atajadores”, así como su financiación.

En época de Carlos III se da otra vuelta de tuerca a la defensa de la costa con la publicación del “Reglamento que su Majestad manda observar a las diferentes clases destinadas al real servicio de la costa del Reyno de Granada” (1764). En él los distritos de Salobreña y Motril quedan agrupados en el ahora distrito de Motril, localidad cabecera que controla un territorio que abarcaba desde las costas salobreñeras hasta la Torre del Cáutor. En él se cuentan un total de 8 Torres (Torre Nueva, la del Chucho, la de Carchuna, la de Calahonda, de la Estancia, de Cambriles, Estancia de Baños y del Cáutor) y 4 Baterías (la del castillo de Salobreña, la del Varadero, Carchuna y la de Castell de Ferro). En este sentido, el Reglamento articula la defensa del litoral en base a cuatro elementos: las Torres para artillería, las Baterías, las Torres-Atalayas y las Casas-Fuerte.

Vista aérea de Salobreña en la década de 1970. Al fondo puede verse cómo despunta la Torre del Cambrón y la conexión visual con el castillo de Salobreña.

Para el caso que nos ocupa, las funciones de estas torres-atalayas es la de otear y vigilar para prevenir de ataques e incursiones y avisar mediante señales, tanto a la población como a las atalayas vecinas. Estos avisos estaban debidamente explicitados en el Reglamento, siendo de dos tipos:
·         Los de REBATO anunciaban la proximidad de embarcaciones sospechosas a tierra o a barcas de pescadores y mercancías. Estas señales (hogueras de noche y ahumadas de día) debían de ser bien visibles tanto desde las poblaciones próximas a la costa como desde el resto de torres de su Partido y se realizaban mediante manojos de paja o esparto con resina, los conocidos como “hacho”. Éstos “se harán de dia en las ocasiones en que se descubran embarcaciones sospechosas, que se acercan à la tierra, ò que persigue algunas barcas de pescadores, ò a otras que hacen el comercio; y de noche quando vea se acerca à tomar tierra alguna embarcación.[…] Todas las torres estaran obligadas à seguir las señales que vean en su inmediata, para que por este medio se corran entoda la extensión de mi costa los avisos”.
·         Los de SEGURIDAD son aquellos que anunciaban que se mantenía la costa sin percances visibles ni previsibles, lo cual “se hará por la mañana, luego que el torrero  pueda divisar la costa de su jurisdicción, y la segunda antes de salir el sol, quando yá descubra la marina á que alcance su vista. Por la noche se dará la señal de seguridad, después de poner el sol, y en todas estas encenderán el hacho manteniendo firme en su hachero todo el tiempo que es preciso, para que de tierra conozcan que han cumplido con lo prevenido y los navegantes que la costa está segura”.

Es en este sentido que se explica la importancia que juegan elementos como la chimenea y la azotea en estas torres-atalaya, ya que en ellas se centra la mayor parte de la actividad de la torre. Cada una de estas torres debía de estar al mando de un Cabo, auxiliado por 2 o 3 Torreros según el caso, con un salario de tres Reales diarios para el primero y dos Reales y diecisiete Maravedís para los segundos. Todos ellos tenían la obligación de residir en la torre o en las viviendas que levantaran en su entorno, pudiendo ausentarse únicamente uno de ellos no más de un día para avituallarse. Se trataba de gente sujeta al fuero militar, con un servicio de 20 años tras lo cuales pasaban a formar parte de la Compañía de Inválidos.


José María García-Consuegra Flores.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Archivo del Servicio Histórico del Ejército (A.S.H.E.); Cartoteca; B-016/191.

BLEDA PORTERO, J. et alii (1999): Inventario de arquitectura militar de la provincia de Granada. Siglos VIII al XVIII, Diputación de Granada.

GÁMIR SANDOVAL, A. (1988): Organización de la defensa de la costa del Reino de Granada, Granada.

GIL ALBARRACÍN, A. (2004): Documentos sobre la defensa de la Costa del Reino de Granada. 1497-1857, Almería.

PÉREZ TOVAR, Mª.J.; GARCÍA-CONSUEGRA FLORES, J,Mª.: Informe preliminar de la actividad arqueológica preventiva mediante control arqueológico de movimiento de tierras en Hotel Salobreña, Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía en Granada, 2011.