domingo, 13 de diciembre de 2020

Ruinas y recuerdos de acuarela

Volvemos a las andadas con esta pequeña entrada sobre Salobreña como escenario y "musa" de pintores. En este caso os presentamos un oleo sobre lienzo que el pintor, ilustrador y fotógrafo estadounidense Wells Moses Sawyer pintó durante su estancia en España entre los años 1945 y 1950.

Esta obra, de 86 cm de alto por 102 cm de ancho, fue donada al Museo de Arte Moderno (Actual Museo Nacional del Centro de Arte Reina Sofía) en 1965 por parte de la esposa del pintor, si bien actualmente se encuentra cedida en depósito y expuesta en la Embajada española de Viena.

Interesante observar el estado en que se encontraba el alcázar-alcazaba andalusí a mediados del siglo XX, antes de que se realizaran las labores de restauración y consolidación de Prieto Moreno, que tan nefastas resultaron para el estudio y conocimiento científico y arqueológico del conjunto monumental. Igualmente es de resaltar el entramado urbano de la época, con las típicas casas pequeñas y bajas, algunos ejemplos de los cuales aún podemos observar paseando por el casco histórico de lo que fue la madina andalusí. Y no menos reseñable la visión de la vega (antigua ensenada de poniente, donde probablemente se situara la zona portuaria de época antigua, medieval y moderna) vestida del verde esmeralda de la caña de azúcar, una de las señas identitarias de la localidad y de la región que ya, por desgracia, hemos dejado perder en favor del gris hormigón y verde billete.

Os dejamos el enlace del Museo del Prado para que podáis observar y analizar la obra con más detalle y tranquilidad [https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/salobrea-granada/b95a985d-7ffd-41f3-a817-32733bc4dcb0].

Y si os animáis, podéis compartir vuestras impresiones y observaciones escribiéndonos a nuestro correo electrónico: patrimoniobajoguadalfeo@gmail.com. Haremos una recopilación y, con vuestro permiso, las iremos publicando en nuestro perfil de Facebook. Es con el intercambio de observaciones, sugerencias y opiniones que conocemos.

El conocimiento es de todos y para todos, y se construye entre todos.

Patrimonio Bajo Guadalfeo -- Wadi-l-faw






sábado, 14 de diciembre de 2019

"Lejos de las leyes de los hombres..." CRÓNICAS DE HAMID AL-SALAWBINI, RETORNO A LA MADINA DE LOS DOS MARES.

"Fue entonces cuando Hamid decidió abandonar la que fue su tierra, pues ya no le pertenecía (si es que alguna vez le perteneció algo). Las cosas iban a cambiar drásticamente y en breve, como bien a las claras vio en la desbocada y desquiciada Gharnata, auténtico campo de batalla entre fanáticos partidarios de un baño de sangre en defensa de una cultura y un modo de vida ya en creciente degeneración, regada con el odio y la venganza y atizada por los ulemas aulladores (como gustaba llamarlos a Hamid), y defensores de una rendición honrosa ante aquellos cristianos venidos de múltiples ciudades, ansiosos de botín y carne amparados como estaban por su Santa Iglesia.

Lo tenía decidido. Subiría en uno de esos pequeños barcos para ir al lugar del que le habló Ibrahim. Una pequeña alquería situada en un valle estrecho, perdida entre dos montañas. Con pocas casas y cortas distancias paralizada eternamente entre el otoño y la primavera y habitada apaciblemente por viejos agricultores y tenaces pescadores, entre las lomas de tonalidades entre pardas y oliváceas y el manto azul cobalto del Mediterráneo, coronada por la zawiyya del viejo sabio venerado desde donde contemplar los plácidos baños de la luna en el mar... lejos de las leyes de los hombres...”


domingo, 28 de enero de 2018

HAMID AL-SALAWBINI "Retorno a la Madina de los dos mares"

SÉ DE UN LUGAR...

Los atardeceres en aquellas suaves y fragantes lomas permitían parar momentáneamente este loco y vertiginoso trajín que llaman Vida. Recostado en el ancestral y adusto algarrobo que coronaba la loma más alta y  meridional, el simple hecho de cerrar los ojos y respirar plena y suavemente la brisa purificadora tan característica de estos parajes semiabandonados, en la que se entremezclan olores salinos con aromas de romero, tomillo, retama y manzanilla, permitía una total limpieza de pensamientos.

(Foto: José Mira)

Era en esos momentos en los que mi reposada, profunda y consciente respiración conseguía conectarme con mi interior, con mi ser, degustando cada inspiración y expiración como si fuera el último hálito de mi existencia, reportándome tal relajación física y mental que se dirían fusionados cuerpo y entorno, en completa armonía con el algarrobo, las flores, las hierbas, las plantas, las aves… percibiendo y participando del silente movimiento del Universo… de sus movimientos distantes en los que todo va cambiando de color, de forma y de expresividad…. oyendo los estorninos perdidos chillar y dibujando en el aire con su ondulado vuelo… dibujando con azules, con amarillos, con verdes… a contraluz… con óxidos y rojizos… un cúmulo de nubes viejas y bellas aves siempre en presente intenso… atravesando el Tiempo…

Igual de plácido y reconfortante era el retorno a la realidad en aquel paraje privilegiado, no solo por su entorno y tranquilidad, sino igualmente por su situación sobre la margen izquierda del salvaje río en su morir al mar, como punto más meridional del conjunto de amables y olorosas lomas que constituyen una tímida avanzadilla del territorio agreste que a sus espaldas se desarrollaba, asomándose sobre la modesta y casi abandonada alquería que era Bates.

Bates representaba uno de los pequeños núcleos rurales de marcado carácter agrícola gracias a su privilegiada posición entre la vega y el monte, lo que le permitía gozar de sus pródigos recursos que con tanto esmero trabajaban los campesinos. Una mirada atrás descubría un monte plagado de almendrales, olivos y viñas para uvas pasas, con el trasfondo de la imponente mole caliza, hija menor del omnipresente Monte Sulayr, coronado de nieves perpetuas. Otro vistazo a mis pies me dibujaba una sonrisa de placidez al otear toda esa fértil llanura en la que las diversas tonalidades de verde compiten entre sí, plagada de pequeñas parcelas dedicadas al policultivo intensivo en una maraña de acequias que llevan y traen ese preciado líquido que es el agua, el cual permitía tal eclosión variada de hortalizas, legumbres y frutales, salpicados aquí y allá de morales, en una frondosidad de vida bautizada (si se me permite el término) por el gorgoteo de las acequias.

De entre todas las tonalidades verdosas resalta sobremanera el acentuado verde esmeralda de las plantaciones de caña de azúcar, propiedades que los sultanes granadinos aquí tenían desde que decidieron establecer su residencia en nuestra alcazaba y que, por otro lado, tantos beneficios les prodigaba, pues era un producto altamente valorado y apreciado por los “cara de frío”, como gustaba llamar a Ruyyi a los omnipresentes mercaderes genoveses, sobre todo a partir de los tratados comerciales que nuestros soberanos firmaron con ellos y sus Compañías. Fue este el motivo que con el paso del tiempo sus plantaciones fueran creciendo cual ameba, hasta tal punto que solo el mar pudo ponerles freno.

(Foto: Antonio Luis Gallardo Medina)

A modo de charnela entre ambos espacios de cultivo irrigado y el secano, se encontraba la pequeña alquería de Bates, en estos días casi despoblada. Un conjunto de viviendas modestas situadas justo por encima de la acequia llamada de Mutrayil, principal suministrador de agua a este lado del río y que daba vida a las diversas alquerías que a su amparo se levantaron: Pataura, la propia Bates y Mutrayil, acabando su recorrido a los pies de Battarna, abandonada en los primeros tiempos de los Banu Nasr. Una verdadera línea fronteriza entre las chicharras y el vergel de dulces sonidos que se entremezclan armoniosamente procedentes unas veces del discurrir de las acequias, otras del simpático y juguetón cacareo de los pájaros y aves que en él encontraban reposo, y otras, en definitiva, originado por el diálogo de los árboles propiciado por la brisa que los mece.

Un lugar de paz y tranquilidad, Bates, que coronaba un hervidero de vida vegetal y animal que desde hacía ya un tiempo era un simple alto en el camino que de Mutrayil conducía a Pataura y Gharnata bordeando las serpenteantes lomas de esta región. Así se reflejaba en las diversas viviendas de pequeñas dimensiones y apariencia modesta que se aglutinaban y escalonaban en la pendiente del terreno, encaradas a la vega y al mar y a sus aires salinos, unos “aires egeos” que me decía mi compañero de estancia en la Madraza Yussuffiyya de la capital, Ireneo, natural de la isla griega de Égina y que vino a Gharnata a completar sus conocimientos “filosóficos ético-morales que deberían de atormentar a todo Ser que se vanaglorie en denominarse humano”. Sus callejas terrosas, estrechas y empinadas, hacía ya tiempo que no eran transitadas por humildes aldeanos, mulas, canes y gatos. Los numerosos poyetes a pie de puerta ya no eran ocupados por avezados y vehementes tertulianos y tertulianas. Hacía tiempo que hierbas y lagartijas hicieron de ello su territorio.


Y así era como me gustaba despedir los días, en ese lugar donde brotan las flores, donde el río y el monte se aman, donde pronto amanece… respirando y sintiendo esa brisa, esa vega, ese mar… ese bahr al-wastani nuestro, ese mar intermedio que durante siglos ha ejercido de puente entre las dos orillas y entre orillas lejanas. Unas orillas a las que la acuciante y agresiva presión y codicia cristiana amenaza con transformar en un abismo, en un muro… así se intuía y así lo me lo confirman las noticias que de mi tierra me llegan de los osados que decidieron quedarse, como mi amigo Amrus… “con su llegada pasamos a estar bajo el yugo de la vehemente Católica, la constante vigilancia de esos seres monstruosos venidos de otros mundos, y aplastados por su contundente, imperial y demoledora arquitectura. Peor que la derrota militar, fue el desbocado y obsesivo anorreamiento moral y cultural".


A pesar de todo, con solo cerrar los ojos, recostado en este nuevo adusto algarrobo que asoma a otra orilla del mismo mar, siempre vuelvo al mismo lugar... al lugar que fue Bates.







lunes, 20 de noviembre de 2017

La Salobreña nazarí en las III Jornadas de Estudios Andalusíes

Tras un largo periodo de ausencia en las redes, volvemos con una nueva entrega en nuestro Blog. En este caso lo hacemos con motivo de nuestra participación en las III Jornadas Interdisciplinares de Estudios Andalusíes que la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla viene organizando en los últimos años.

La entrada que os presentamos representa la Crónica de dichas Jornadas, elaborada por nuestra amiga y compañera en esta aventura de los blogs de temática patrimonial y andalusí Elisa Simón Zamora, toda una experta y conocedora del mundo andalusí y sefardí que en la actualidad ejerce de Guía Oficial de Turismo en la provincia de Sevilla, especializada en visitas culturales de temática andalusí y sefardí.

Además dirige el blog titulado “De al-Andalus a Sefarad” (http://dealandalusasefarad.blogspot.com.es/), el cual os recomendamos lo sigáis ya que a través de él difunde de manera amena, divulgativa y rigurosa la Historia y Cultura de al-Andalus y Sefarad, bien complementados con buenos reportajes fotográficos y audiovisuales de creación propia y muy didácticos y preciosistas.

Así pues, gracias Elisa por tu colaboración y amabilidad.


III JORNADAS INTERDISCIPLINARES  DE ESTUDIOS ANDALUSÍES. 

"Paisaje rural, fortificaciones y defensas en al-Andalus" 

Por Elisa Simon 


Desde hace tres años los profesores de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla María Mercedes Delgado Pérez y Luis-Gethsemaní Pérez Aguilar organizan,  como directores científicos, las Jornadas Interdisciplinares de Estudios Andalusíes con la intención de ofrecer los últimos avances y noticias a nivel científico y profesional de los trabajos e investigaciones que se realizan en la Península Ibérica sobre al-Andalus. En esta ocasión el título de las Jornadas giraba en torno al "Paisaje rural, fortificaciones y defensas en al-Andalus".


A las 4 de la tarde del 6 de Noviembre, en el Aula Magna de la Facultad, se iniciaron las Jornadas con la conferencia de mi querido amigo José María García-Consuegra Flores, historiador y arqueólogo quien nos mostró "Salobreña, madina y solaz de reyes nazaríes". 
De forma amena y entretenida José María realizó un recorrido histórico y paisajístico del valle del Bajo Guadalfeo, con las sierras que lo protegen, la costa del Mar de Alborán y su particular clima. Hizo hincapié en la importancia del río Guadalfeo y sus afluentes, el delta, el estuario y el puerto. De esta manera se fue acercando en el espacio y en el tiempo a madinat Salawbinya y su imponente fortaleza.

José María escribió su tesina titulada “El castillo de Salobreña en época medieval”, un estudio de la llamada Arqueología de la Arquitectura que representa el primer trabajo de carácter científico-arqueológico que se ha hecho en el castillo. Nos explicó que en su origen fue un hisn, es decir, una fortaleza construida en tiempos de la fitna en al-Andalus. Con imágenes nos enseñó el promontorio costero sobre el que fue edificado, a cuyos pies quedaba su área portuaria. Con el tiempo se fue consolidando un asentamiento, Salawbinya, quedando a la sombra de la vecina y poderosa Sexi fenicio-púnica y posterior al-Munakkab en época andalusí.

Salobreña cobró importancia y se desarrolló como medina fuertemente amurallada cuando los reyes nazaríes se establecieron en la fortaleza. Fueron ellos quienes convirtieron el hisn en un castillo-palacio con hermosas salas, qubbas, patios y un hammam, del cual se conserva la planta y el pavimento de azulejos de varios colores y muy buena calidad. Aquí disfrutaron del descanso en esta segunda residencia la familia real nazarí. El castillo sirvió también como prisión, siendo el más célebre Yusuf III, quien pasó once años de cautiverio antes de hacerse con el trono.

Hacia 1489 Salobreña cayó en manos de los Reyes Católicos y al año siguiente la población andalusí de Salawbinya fue obligada a abandonar su hogar. Estas familias se dispersaron por la vega y la sierra, quedando la medina en silencio mientras el bello solaz de los reyes nazaríes se transformó en un cuartel militar castellano. 


La siguiente ponencia fue muy interesante. Corrió a cargo de Eduardo Romero Bomba, investigador y arqueólogo el cual expuso una muy interesante ponencia sobre "los registros arqueológicos de época andalusí en Sierra Morena Occidental". Mostró en un mapa la parte occidental de Sierra Morena que abarca localidades de la actual provincia de Huelva, como Aracena, Aroche, Almonaster y Niebla con sus nombres árabes, indicando las Coras y Gharb al-Andalus (actual Portugal). Indicó igualmente los Aqalim, así como los husun de esta zona con sus nombres en árabe.

Estas fortalezas abundaban en esta zona debido a las constantes revueltas muladíes durante el Emirato. Romero Bomba realizó varias excavaciones en las que halló, por ejemplo, lápidas conmemorativas de la construcción de una mezquita o parte de la misma. Hacia el 2012 excavando en el castillo de Aracena encontró siete dinares de oro del reinado de al-Mu´tadid (rey de la taifa sevillana del siglo XI). Hablando de Almonaster la Real nos acercó a su hermosa mezquita califal, casi intacta. Seguimos hacia Aroche viendo su qasaba del siglo XII, la torre de las harinas de Zufre, el yacimiento de viviendas almohades en Aracena, sin olvidar Gharb al-Andalus mencionando Romero Bomba hermosas ciudades del Alentejo como Beja, Moura o Serpa, donde aún se pueden ver restos de la muralla almohade. Al concluir su intervención, mientras aplaudía ya estaba haciendo planes para volver a esa zona de Huelva y Portugal. 


Una breve pausa para un café nos recuperó el espíritu y pudimos seguir disfrutando de la segunda parte de estas jornadas. 

"La qarya andalusí de Sobuerva a través de las fuentes literarias, cartográficas y arqueológicas" fue el título de la conferencia de Álvaro Gómez Peña investigador de la Universidad de Sevilla. Expuso un trabajo en equipo muy concienzudo donde se investigó en fuentes árabes y cristianas para poder identificar la alquería de Sobuerva. Existe una epístola de la santidad de ibn ´Arabi, donde se cuenta que en dicha alquería vivía un sufí llamado shayj Abu l-Hayyay Yusuf al-Shbarbulí, al que iba a consultar el gran ibn ´Arabi. Al parecer era un maestro muy venerado al que la gente acudía en peregrinaje hasta su casa. Otras fuentes como la Taklima de ibn al-Abbar indica que la qarya era un asentamiento dependiente de hisn al-Faray. En cuanto al Libro del Repartimiento se menciona Soborbal, donde había una mezquita rural. 

Álvaro prosiguió su exposición basándose en el mapa de Ovando, del siglo XVII, donde aparece Soguerba, localizada en la actual Tomares. Otros investigadores la sitúan en Bormujos, si bien parece que podría también situarse en la actual zona de Ciudad Expo de Mairena del Aljarafe, donde fue hallada una necrópolis andalusí. Este inmenso trabajo fue publicado en la revista al-Qantara.


El último ponente procedía de Estepona. Sebastián Corzo Pérez, arqueólogo también, nos enseñó "las alquerías andalusíes en el contexto paisajístico de la provincia de Málaga". Permaneció de pie y sin micrófono exponiendo con el apoyo de un mapa las alquerías localizadas en Cora de Algeciras, donde han aparecido restos cerámicos y estructuras arqueológicas. En Gaucín adaptado a la sierra del Hacho se alza un hisn sobre tierra caliza y con poca agua. La captación de agua se hacía a través de embalses, pozos, albercas y balsas de agua que sirvieron para crear zonas de huerta en terrazas y la zona de secano se parceló con depósitos de agua. En la localidad de Casares había un recinto fortificado en cuyos alrededores había hasta cuatro molinos.

Sebastián localizó en un plano otras tantas alquerías como la de Arroyo Vaquero de época emiral, la de Hacha del Chaparro junto al río Genal, donde aparecieron restos de tejas, la alquería de Alameda, la de Huerta Padilla, siempre con la mismas características de infraestructura para suministro de agua con algún arroyo cerca. 

Estas Jornadas estuvieron más focalizadas en Arqueología explicada de forma amena, aunque sin eludir el perfil científico. Estuve muy cómoda, no sólo por la temática que me apasiona, sino porque me encontraba entre amigos. Mercedes, a la que me une una larga amistad, mi amigo José María, que vino desde Granada para mostrarnos su trabajo en el castillo de Salobreña, entre los asistentes había más gente conocida a la que me alegró mucho volver a ver. Así que, a pesar de los duros bancos de pupitre del Aula Magna, disfruté mucho rodeada de buena gente. 


NOTA: 

1.- Hisn se denomina a una fortaleza, siendo su plural Husun. 
2.- Fitna: nombre bajo el que se conoce el período de guerra civil en al-Andalus. Hubo dos “fitnas”: una en tiempos del Emirato cuando las revueltas mudéjares y otra desde la crisis del Califato hasta la creación de los reinos de taifas. 
3.- Iqlim singular y su plural es Aqalim, son los nombres de los Distritos en los que se dividían las Coras andalusíes. 
4.- Cora singular y su plural es Qura´t, se aplica a la división territorial de al-Andalus, cada Cora estaba subdividida en Aqalim. 


BIBLIOGRAFÍA:

- Revista al-Qantara XXXV 1, enero-junio 2014. Artículo del grupo de investigación "La qarya andalusí de Sobuerva a través de las fuentes literarias, cartográficas y arqueológicas". 

- Salobreña de sus orígenes a la Edad Media. Ayuntamiento de Salobreña, 2015. "Salobreña, madina y solaz de reyes nazaríes", José María García-Consuegra Flores. 




lunes, 1 de mayo de 2017

HAMID AL-SALAWBINI. "Retorno a la Madina de los dos mares".

AIRES DE FURIA Y MELANCOLÍA. CATARSIS EN LA CIUDAD DE LOS BULLICIOS Y LA ALAGADA SOMBRA DE LOS BANU NASR.

Siempre por encima de nuestras cabezas y bajo su atenta y constante vigilancia, se extendía majestuoso y prepotente el alcázar-alcazaba de los Banu Nasr, estirpe de los ancestrales alhamares, linaje bañado (salvo casos contados) por el parricidio, el incesto y la más soberbia degeneración. Se diría, rememorando la biografía y andanzas de los hasta la fecha veinticuatro Sultanes, que un soplo perverso de furia o de melancolía (según el caso) azotó esta Casa del emblema carmesí desde el principio de su existencia.
Vientos de furia, por otro lado, que asolan incesantemente en estos tiempos en los que se adivina el fin de nuestro mundo (y quién sabe si de nuestra existencia), más por implosión que por destrucción externa si siguen las luchas fratricidas entre nuestros gobernantes.

Es así que emulando un fastuoso cernícalo con sus alas desplegadas, la fortaleza y residencia real se exhibe sobre todo y sobre todos recordando su magnificencia, poder y protección, coronando de este modo la puerta de entrada marítima al reino que es nuestro ancestral puerto, el más cercano a la capital. Un peso abrumador que siempre me incomodó. Esa insoportable sensación de sentirse constantemente observado y controlado, de igual modo que me sucedió en mi estancia en Gharnata, donde al-Hamra lo domina y controla todo gracias a ese poder visual imponente de su estructura y arquitectura demoledora.

Si bien mi estancia en Gharnata fue fructífera, los primeros años fueron realmente terribles, acostumbrado como estaba a esos catárticos periodos de recogimiento y soledad que de forma tan sibilina me indujeron Sahib e Ibrahim en Salawbinya.
Acostumbrado como estaba a escoger y decidir el momento, lugar y duración de esas conversaciones y reflexiones conmigo mismo, me sentía angustiado en esa gran ciudad cuyas calles, plazas y ríos siempre estaban llenos de gente por todos lados que no paraban de ir de un lado a otro, ajetreados, sin mirar más allá de donde van a pisar sus pies, sin atender a nada ni a nadie, arrastrando hacia ese su abismo vital a niños y acémilas.

Pero sobre todo era la incesante y opresora sensación de constante vigilancia que ejercía la ciudad palatina de al-Hamra. Desde que amanecía en mi rabad al-Ajsarïs y allá donde iba, sentía esa sensación constante en la nuca. Me sentía preso, aunque con el tiempo logré sobrellevarlo.


Y es que, por otro lado, nunca entendí esas manifestaciones de poder y ostentación, especialmente por parte de los que se hacían llamar "Piadosos Príncipes de los Creyentes". Con el tiempo aprendí a desafiar a la gigantesca mole rojiza parándome a sus pies, mirándola fijamente y rememorando las palabras del célebre asceta al-Qunchi:

"Todos los momentos son fugaces, efímeros. Por desgracia no existe en nuestro tiempo ni un solo monarca que merezca considerarse Príncipe de los Creyentes.

Por muy maravillosas y bellas que sean sus edificaciones, el sultán se empeña en estampar su nombre y el de su familia por todas partes: arriba, abajo, a derecha, a izquierda, al norte, al sur. Es tedioso, molesto, atenta contra la pureza de espíritu, entorpece la contemplación. Quien libera el sentimiento, su poesía, en su largo camino hacia la luz, purifica su ser, lo pule, y es posible que se eleve hasta el saber. Mas quien graba poemas en las paredes de los reyes no busca más que la fama en este mundo, sea para él, para su señor, o para ambos a la vez". (1)


Volviendo a mi añorada Salawbinya, dicha desazón desaparecía en esas noches en las que, arropados por el desorden lunar, mi querido e inseparable Ruyyi y yo, unas veces recostados en la orilla de la playa del extremo occidental de la ensenada y lejos del área portuaria; otras encovachados en el islote de las muñecas, desafiábamos al símbolo de autoridad y de poder regio y le hablábamos a las estrellas, sobre cosas mundanas y terrenales las más de las veces, aunque también sobre aspectos más existenciales y espirituales que tan poco le gustaban a Ruyyi, pues decía que eso era pensar demasiado y que no había peor tortura que pensar.

¿Pero, no es pensando, cuestionando y analizando lo que nos lleva a comprendernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea? Si nos comprendemos, podemos dirigir nuestro devenir, y con él esta sociedad que nos engulle y somete constantemente. No se trata, le disertaba yo a Ruyyi, de convivir y sobrellevar las circunstancias, sino de superarlas y crear oportunidades, apostando por reforzar y fomentar esos espacios y tiempos de soberanía personal que permitan expresarnos natural y espontáneamente como Personas únicas y particulares que somos. Una soberanía personal que nos permita Crear ya que, y volviendo al amado al-Qunchi, “quien crea se une al movimiento creativo del Universo y enriquece su Ser y la Existencia”.

"¡Que nadie camine por tí!" le gritaba siempre que podía a Ruyyi para encresparlo, a lo que me respondía repitiendo los versos de cierto sufí que el Imam Sahid no paraba de recordarnos: "No verás en el necio punto medio, sino que o bien se excede o bien se pasa".

... tan lejos los recuerdos de días felices y extraños...


(1) Fragmento extraído de Un asceta en la Corte nazarí, de José Miguel Puerta Vílchez, Editorial Universidad de Granada, 2016.