jueves, 23 de julio de 2015

El Fuego como Catarsis. Hacer del Paisaje un recurso sostenible.

La presente publicación representa una pequeña reflexión sobre repensar nuestra relación con el Medio y nuestro Territorio, tan voraz, prepotente e irrespetuosa, especialmente desde la segunda mitad del pasado siglo XX. Corre a cargo de nuestro compañero José María García-Consuegra Flores, arqueólogo de profesión y responsable de Patrimonio en Podemos Motril, así como miembro del grupo de investigación SEL (Salobreña Estudios Locales), el cual viene realizando diversos trabajos sobre el patrimonio histórico, arqueológico y natural de nuestra región.
Se trata de un texto publicado el pasado 13 de julio de 2015 en el blog de la referida formación política, ligeramente ampliando para la ocasión. Sin duda, un texto que da qué pensar.
Gracias José María.


El pasado martes asistimos a la presentación de la nueva publicación de la Asociación Buxus, titulada "Las Sierras de Lújar y La Contraviesa. Una propuesta para el desarrollo sostenible". Con él, y durante el acto en sí, se pone de manifiesto, por enésima vez, la necesidad de conseguir para estas sierras la categoría de Parque Natural, atendiendo a los excepcionales valores de biodiversidad, históricos y etnológicos que atesora, así como las posibilidades que ofrecen esos mismos valores para un desarrollo socioeconómico sostenible de la región. Una vez finalizado el acto, y después de ojear un poco por encima la publicación, confirmé lo que venía teniendo cada vez más claro desde hace algún tiempo ya, y es que no sabemos (y por tanto, no valoramos) lo que tenemos a nuestra espalda en esta costa granadina. Entre otras cosas me llamó especialmente la atención la presencia de los alcornocales más meridionales de Europa, con alcornoques de hasta seiscientos años de edad.

“Las Sierras de Lújar y La Contraviesa. Una Propuesta para el desarrollo sostenible”.

Momento del acto de presentación “Las Sierras de Lújar y La Contraviesa.” (Foto: José María García-Consuegra Flores)

A la mañana siguiente recibía la noticia de que Sierra Lújar se quemaba, siendo uno de los focos principales, precisamente, esa masa de alcornocales tan excepcional. Me invadió una terrible pena de inmediato, como de buen seguro le pasó a muchísima gente. Más si cabe sabiendo, como quedó patente en el acto de la noche anterior, que la Asociación Buxus viene luchando por la protección de estas sierras desde hace bastante tiempo. Una ardua labor divulgativa, de cuidados, recuperación y preservación que, con hechos como éste, cae en saco roto. O no, porque precisamente ese empeño en dar a conocer y educar medio-ambientalmente a la sociedad a través de sus múltiples actividades, publicaciones y talleres, ha sido una semilla que poco a poco ha empezado a brotar. Y es que cada vez somos más las voces que claman porque Sierra Lújar sea Parque Natural ya.

Imágenes del frente en la Sierra del Jaral (Foto: El Faro de Motril).


Imagen de la devastación del fuego (Foto: Marga Noguera Frías)

Una vez realizadas las primeras valoraciones sobre el daño ecológico sufrido, la realidad es que la pérdida de ese histórico alcornocal es irreparable, así como la diversidad faunística y vegetal de la zona. Con todo, y como siempre acaba pasando, la Naturaleza acaba por abrirse camino, a menudo muy a pesar del Hombre.

Primeras valoraciones sobre el terreno de especialista (Foto: Asociación Buxus).


Efectos del fuego (Fotos: José Antonio Hódar Correa).

Llegados a este punto, la sociedad y las autoridades competentes deberíamos aprovechar y recapacitar sobre nuestra relación con el Medio, sobre cómo cuidamos, usamos y gestionamos el territorio en el que vivimos y los recursos que éste nos ofrece. Sin duda que hechos tan desastrosos como éste pueden ser incontrolables e imprevisibles, por mucha legislación y protección que exista, más si nos atenemos a la naturaleza humana. Pero, dejando al margen si estos actos son intencionados o no, hay que reconsiderar nuestra educación y actitud medioambiental, las políticas con respecto al territorio, la agresión al paisaje y al trato y cuidado de animales, etc.

Tenemos una oportunidad única y excepcional (a pesar del desastre) de iniciar una nueva etapa en la que TODOS (ciudadanía, asociaciones, entidades y autoridades), finalmente, podamos (debemos) trabajar de manera coordinada, sensata y eficaz, cada cual en su ámbito y posibilidades. Y el objetivo no es más que (ahí es nada), primeramente, intentar recuperar biológica, social y económicamente, la región. En segundo lugar, sentar las bases de un movimiento organizativo y asociativo, formado por expertos, gestores de lo público y ciudadanos, mediante el cual hacer frente a situaciones como la actual, con un desarrollo efectivo, preventivo y divulgativo hecho por y para los diferentes sectores de la sociedad.

En definitiva, hechos como este devastador incendio nos debe de servir como CATARSIS COLECTIVA, que nos haga ser conscientes de que TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS somos responsables del cuidado, protección, concienciación y prevención que individualmente ejercemos con respecto a nuestro Patrimonio y Territorio. Y el Medio Ambiente también lo es, y en gran medida, además. En esa responsabilidad, además, cabría incluir el deber de vigilar y exigir que las autoridades competentes realicen su trabajo, así como una mayor implicación y concienciación al respecto, en tanto que gestores del Bien Común. Es pieza clave el mantener una actitud de respeto y responsabilidad en nuestro uso y gestión del territorio y del Medio Ambiente, los cuales son parte importante de nuestro Patrimonio. Un Patrimonio, el natural, que bien gestionado mediante programas sostenibles, consensuados con profesionales de los diversos sectores, puede representar una importantísima fuente de riqueza y desarrollo para la zona, como demuestran múltiples ejemplos en esta materia en alza que es el llamado Ecoturismo.

Es en este sentido que, al amparo de las tan ambivalentes Redes Sociales, se ha originado una plataforma de cooperación y solidaridad (en la que ciudadanos y entidades, bajo el asesoramiento de especialistas en la materia (ecólogos, botánicos, profesores, bomberos, dinamizadores culturales, etc…), se han puesto manos a la obra para empezar a impulsar la recuperación ecológica, social y económicamente de la zona. Se trata del grupo Voluntarios por el Parque Natural de Sierra Lújar-Gualchos (https://www.facebook.com/reforestar.lujar?fref=ts), los cuales se unen a la labor que desde hace muchos años viene realizando la Asociación Buxus https://www.facebook.com/pages/Asociaci%C3%B3n-Buxus/250864951629833?fref=ts). Es así que, de manera conjunta y mediante Mesas Redondas y Plataformas Ciudadanas, se han empezado a establecer diversas líneas de actuación una vez evaluada la situación post-incendio, organizando eventos solidarios, programando actos de adecuación de terrenos o actuaciones benéficas.

Plataforma ciudadana Voluntarios por el Parque Natural de Sierra Lújar-Gualchos (Autor: Juan Luis López Anaya).


Finalmente, y al margen de las actuaciones que se organicen para la recuperación y reforestación de la zona, recordar que la mejor manera de apoyar y ayudar a la población afectada, es la de seguir yendo a la Sierra, a sus pueblos, a recorrer sus senderos y veredas, a tomarse unas cervezas y vinos del terreno en las tascas de Lújar, Rubite, Olías, etc. Y es que, si bien la Vida a veces es muy cabrona, la Naturaleza siempre será muy cabezona, tan sólo hay que intentar no entorpecerle el camino.


 José María García-Consuegra Flores
Arqueólogo y Responsable de Patrimonio en Podemos Motril.

(Agradezco la amabilidad y atención de José Antonio Hódar Correa, Asociación Buxus, El Faro de Motril y a Marga Noguera Frías por ceder y compartir sus conocimientos y su trabajo fotográfico. Además, me gustaría hacer una mención de reconocimiento a la labor ingrata (por dura, arriesgada y, en muchas ocasiones, poco valorada y desarrollada en condiciones extremas) que han realizado los contingentes del INFOCA, la UME y, muy especialmente, el cuerpo de Bomberos de Motril, el cual estuvo al pie del cañón desde primerísimo momento, acudiendo con celeridad y eficiencia a realizar las tan importantes primeras intervenciones de contención y control del fuego).

Delimitación de la zona afectada por el incendio (Autor: José Miguel, Asociación Buxus).
















viernes, 29 de mayo de 2015

Una de "carreteras" antiguas. La Vía Heraclea a su paso por la costa granadina.

Con esta nueva entrada en el blog vamos a tratar el tema de las comunicaciones en época romana,concretamente unade las principales vías de comunicación del mundo antiguo en la Península Ibérica: la llamada Vía Heraclea, posteriormente rebautizada como Vía Augusta.

Se trata de uno de los ejes troncales que regía el transporte, comercio y desplazamientos dentro del Imperio Romano. Como el resto de Vías que articulaban el territorio romano, tenía su origen en la capital: Roma (no por nada se decía que "todos los caminos llevan a Roma"), y moría en Cádiz, tras superar los Alpes y los Pirineos y bordear la costa mediterránea itálica e hispana.
Tal fue su importancia e impacto, que la actual Autopista y Autovía del Mediterráneo sigue su mismo trazado, atravesando Catalunya, la Comunitat Valenciana, Murcia y, finalmente, el sector costero andaluz. Eso sí, en aquellos tiempos sin la problemática de los dichosos peajes.

Presentamos, pues, un pequeño trabajo de un reincidente colaborador al cual debemos agradecer su implicación, no sólo para con nosotros, sino con la investigación y la preocupación por el Patrimonio histórico, arqueológico y natural de nuestra región. Nos referimos a José María Pérez Hens, un incansable e irremisible elemento activo y reivindicativo de la defensa y puesta en valor de nuestro pasado en pro de un mejor futuro y bienestar económico, social y cultural.

!!!Gracias Pepe¡¡¡



Durante el período romano, en el litoral granadino, el comercio debió de ser una actividad económica de cierta relevancia, proporcionando una salida a las producciones agropecuarias, alfareras y de salazones. Se partía con una cierta ventaja, ya que se contaba con un sustrato comercial importante basado en las actividades que desarrollaron los fenicios que se habían asentado en Sexi (Almuñécar) y Selambina (Salobreña). Si se exportaban productos alimenticios y algunas materias primas, a cambio se importaban fundamentalmente artículos de consumo, productos manufacturados y de lujo.

Hay que partir de que en el mundo romano, el transporte de mercancías a gran escala se hacía, siempre que fuera posible, por vía marítima. Este sistema, que podía trasladar grandes volúmenes de carga, era el más rápido, ofrecía las mejores condiciones de seguridad y, sobre todo, abarataba bastante los costes de la actividad. Por su parte, las vías terrestres ponían en contacto los puertos con las zonas del interior, siendo su comercio más lento, peligroso y caro, además de que no se podía transportar mucho volúmen de mercancías.

Por su sentido práctico y utilitario, el comercio terrestre romano aprovechó, siempre que fue posible, las vías preexistentes, muchas de las cuales se rehabilitaron en calzadas. Esto fue lo que aconteció con la Vía Heraclea, o Hercúlea, que discurría paralelamente al litoral mediterráneo peninsular ya desde época fenicio-cartaginesa. Otras calzadas, en cambio, fueron reorganizadas por el propio Estado Romano, como les ocurrió a las conocidas Vía de La Plata y Vía Augusta.

La Vía Heraclea, a su paso por nuestra comarca, no era más que un camino de tierra lo suficientemente ancho (unos 5 ó 6 metros) para que se pudieran cruzar dos carros, no sin cierta dificultad. Por tanto, debemos descartar la posibilidad de una calzada empedrada, salvo en algún puente o lugar que por necesidad así lo requiriera.
De ella sólo se han conservado escasos restos, como el puente de Cotobro, entre Almuñécar y La Herradura, en el barranco del mismo nombre; y un posible miliario anepigráfico hoy ubicado frente a la iglesia de la Encarnación de Almuñécar.

Posible miliario anepigráfico.

No obstante, sí tenemos algunos indicios de su antiguo recorrido en las colinas del entorno del Hotel Salobreña y de la Torre costera de Cabria o del Diablo.

Además de los restos e indicios arqueológicos comentados, para el estudio y conocimiento del trazado de la Vía Heraclea por nuestra comarca, también debemos tener en cuenta que aparece citada en dos de las principales fuentes históricas antiguas que versan sobre vías romanas: el Itinerario  Antonino y el Anónimo de Rávena.
El primero es un viario del siglo III d.C. que aporta información sobre las comunicaciones terrestres del Imperio. Nos ha llegado hasta nuestros días debido a distintas copias realizadas durante la Edad Media. Las poblaciones costeras romanas del sureste de la Bética a las que hace referencia son, de este a oeste: Urci (Almería), Turaniana (Roquetas de Mar), Murgi (El Ejido), Sexi (nombrada como Saxetanum), Caviclum (Torrox Costa), Maenoba (Cerro del Mar, en la desembocadura del río Vélez) y Malaca (Málaga). Ni Selambina (Salobreña) ni Abdera (Adra) aparecen mencionadas. En Urci (Almería), la vía se dirigía, tierra adentro, hacia Cástulo (Linares), pasando por Acci (Guadix).

La otra fuente histórica, el Anónimo de Rávena, es una obra de carácter geográfico compuesta por una larga lista de localidades, casi todas ellas ciudades. Hace referencia a un itinerario romano del siglo III ó IV d.C. traducido al griego por un monje anónimo de dicha ciudad italiana varios siglos más tarde. La referida fuente cita entre Abdera (Adra) y Malaca (Málaga) las ciudades de Cesarea, que debe ser la Sexi (Almuñécar) de época de Julio César, y Lenubar, que se corresponde con la Maenoba del Itinerario Antonino. Tampoco en esta fuente se cita a Salobreña, lo que nos da un indicio de que el asentamiento no debía de ser de mucha importancia.

Para una mejor descripción del recorrido que seguía la Vía Heraclea por la costa granadina, es preciso distinguir dos tramos, separados por la desembocadura del Guadalfeo.
El tramo entre Salobreña y La Herradura es el recorrido que presenta menos dudas ya que se han conservado algunas partes del camino. Partía de la localidad del Peñón, pasaba por El Pontiví y la zona de La Caleta y, coincidiendo en muchos ocasiones con el sinuoso trazado de la actual N-340, se encaminaba hacia el oeste zigzagueando por los entrantes y salientes de los barrancos costeros.
Es en esta zona donde se conservan todavía hoy los vestigios más significativos que pueden verse desde la propia carretera: la parte occidental de la colina del Hotel Salobreña y el tramo que discurre junto a la torre defensiva costera de Cabria, o del Diablo, y desciende hasta El Curumbico. Este último es el mejor conservado, y en el que se puede pasear tranquilamente, ya que debido a su accidentada geografía, las construcciones lo han venido respetando.

Vestigios del tramo de Vía Heraclea en el Hotel Salobreña.

Vista de los vestigios de la vía Heraclea en el entorno de la Torre de Cabria. Al fondo Almuñécar.

Continuaba hacia la zona de Taramay, donde se desviaba hacia el interior para salvar la ensenada que formaba en época romana la desembocadura del río Verde. De aquí se adentraba hasta las cercanías de Jete, por donde cruzaría el cauce fluvial para dirigirse hacia el sur camino de Sexi (Almuñécar), entrando a la ciudad por la zona del barrio de San Sebastián, por debajo del trazado del acueducto de la Carrera.
Uno de sus arcos, que conserva una especie de moldura decorativa a sus lados, bien pudo servir como portada de acceso a la ciudad, a modo de un arco triunfal. A la salida de la población, cruzaría el cauce del río Seco por algún puente actualmente desaparecido, y se dirigiría hacia el fondeadero de La Herradura, pasando por el Barranco de Cotobro, donde se encuentra situado el único puente conservado de esta vía litoral.

Vista general del puente del Cotobro.

Aunque se cree que es del siglo I d.C., fue remozado en épocas posteriores. Realizado en pizarra, tiene un solo arco que soporta sus casi 20 m de largo, y una cubierta empedrada a dos aguas. Hoy en día puede accederse a él sin ningún problema por un camino que, partiendo de la actual N-340 (está señalizado con un cartel), llega hasta el mismo puente.

Vista desde su cara norte del puente del Cotobro.

Por su parte, el tramo de la Vía Heraclea entre Salobreña y Calahonda estaba condicionado en sus inicios por la ensenada marítima que todavía formaba la desembocadura del Guadalfeo en época romana, y que lentamente se estaba colmatando. Este tramo presenta mayor dificultad en su trazado, debido a la inexistencia de vestigios construidos. 

Aquí, debido a las dificultades en el seguimiento del trazado de la vía romana, les paso a desarrollar brevemente una hipótesis personal basada en dos cuestiones:
  • La localización de los asentamientos poblacionales que tendría que comunicar entre sí.
  • El trayecto que siguen las cañadas reales medievales, entendidas como continuidad de los viejos caminos romanos, y cuya utilización ha perdurado a través de los siglos llegando, en algunos casos, hasta nuestro tiempo.
Desde Selambina (Salobreña), la vía partiría hacia el norte por la ribera derecha del Guadalfeo, en la que existía un poblamiento diseminado conformado por centros de producción alfarera que fabricaban ánforas (Los Barreros, Matagallares, Cortijo Chacón, Molvízar y Lobres) y villas (villae, en latín) con dedicación agropecuaria, como las de La Taiba y Loma de Ceres.
En los alrededores de Lobres, el camino romano procedería a vadear el río. En ambas orillas nos encontraríamos con dos asentamientos que bien pudieron ser apeaderos o lugares de parada de viajeros: el Cerro del Vínculo, en el margen derecho del cauce, y Pataura, la actual cortijada de Las Jareas, en el izquierdo.
Una vez aquí, la vía podría ascender por las cuestas de Pataura (o Panata), o bien continuar a través de la Rambla de Cañízares-Escalate, donde en su cabecera existían asentamientos romanos, hasta la zona de La Gorgoracha.


Estos dos caminos vendrían a juntarse en algún lugar de la zona norte de Motril para, un poco más adelante, volver a bifurcarse otra vez en dos ramales: uno hacia la zona de la Sierra del Conjuro, comunicando los asentamientos mineros de la Herrería (en Los Tablones) y del Cortijo de La Reala. El otro ramal se encaminaría hacia la costa, buscando la población y las instalaciones alfareras y portuarias de Paterna (El Maraute, Torrenueva) y de Calahonda.

Desde aquí, la vía continuaría en dirección este, serpenteando por el litoral acantilado hasta que en algún lugar de la rambla de Gualchos-Castell de Ferro se volverían a unir los dos ramales para continuar, ya como un sólo camino, hacia Abdera (Adra). A la altura de Melicena su trazado se introduciría hacia el interior, buscando las minas de plomo de Turón. Y es que, es conocido que el trayecto entre Turón y Adra estaba jalonado por pequeños asentamientos equidistantes unos de otros, a modo de ventas para avituallar a los viajeros (mutationes).
Por último, el portus abderitano, situado a los pies del Cerro de Montecristo, sería el encargado de exportar el mineral.

José María Pérez Hens.

viernes, 3 de abril de 2015

Guerra de guerrilla en el valle del río de la toba. Acoso y derribo de los moriscos de Las Guájaras.

Para esta nueva entrada en el blog contamos con un colaborador especial, Don Luis del Mármol Carvajal, testigo y cronista oficial de la conocida como Guerra de las Alpujarras (1568-1570), la cual plasma detalladamente en su afamada obra titulada “Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, publicada en 1600. Estamos ante el auténtico predecesor de los actuales corresponsales de guerra. Militar e historiador granadino, se incorporó muy temprano a las tareas militares en los ejércitos del Emperador Carlos V, durante sus empresas norteafricanas a partir de la conquista de Argel (1535). Desde entonces, pasó 22 años en tierras magrebíes, siete de los cuales bajo cautiverio musulmán. Dicha experiencia le permitió alcanzar un alto grado de conocimiento de la lengua árabe y la cultura islámica. Ya en la segunda mitad del siglo XVI participa igualmente de las campañas italianas llevadas a cabo por los ejércitos imperiales. Labor que continuó desarrollando con la rebelión de los moriscos.


Como decimos, fue testigo directo de buena parte de las acciones bélicas y enfrentamientos acaecidos durante el conflicto alpujarreño, describiendo con todo lujo de detalles territorios, localidades, enfrentamientos, tácticas de combate, etc. Para ello contó, además, con testigos presenciales y actores en los enfrentamientos, tanto del bando cristiano como morisco, dado su conocimiento del árabe. La obra, compuesta por diez Libros, se estructura en base a cuatro aspectos principales que ayudan a dar coherencia a la descripción de los hechos. Primeramente desarrolla los antecedentes de la rebelión; seguidamente pone sobre la mesa los problemas de identidad y aculturación con que se encuentran los moriscos del Reino de Granada; en tercer lugar habla del papel de la intervención turca y norteafricana en la guerra; y, finalmente, expone las contradicciones políticas del bando cristiano con respecto al camino a seguir para acabar con el conflicto y a la concepción del problema morisco.

En el caso concreto que nos ocupa, recuperamos el relato de la incursión que los contingentes militares del Marqués de Mondéjar realizan a lo largo del valle del río de la Toba en los primeros días del mes de febrero de 1569, con el objeto de sofocar la sublevación de la población morisca de las Guájaras. En él se nos detalla el recorrido que realiza el ejército cristiano procedente de Órgiva, constatando a su paso la huida de los moriscos y la desolación que éstos han dejado en sus alquerías. De especial relevancia será la narración del confinamiento morisco en el llamado fuerte, un cerro localizado al noroeste de Guájar Alto, donde consiguen resistir el hostigamiento cristiano en diversas ocasiones, con final trágico para éstos que, como derrotados, acaban por sufrir las consecuencias de los perdedores……. Nada nuevo, por otro lado.

Sin más, os dejamos con el relato de la conquista de las llamadas Guájaras, el cual ocupa los Capítulos XXIX, XXX y XXI del Libro Quinto, si bien en esta ocasión reproduciremos el primero y el tercero de ellos, respetando la ortografía original.

Vista del valle del río de la Toba desde el este. A la izquierda Guájar Fondón y a la derecha Guájar Faragüit.
  

CAPÍTULO XXIX.
Cómo el Marqués de Mondéjar partió de Ujíjar para ir á las Guájaras, y la descripción de aquella tierra.


“[…] Otro dia martes [8 de febrero] partió el campo de Órgiba, y fue á Vélez de Benaudalla. El miércoles marchó la vuelta de las Guájaras; y porque se entendió que había enemigos con quien pelear aquel dia, mandó el Marqués á los escuderos que pasasen los soldados á las ancas de los caballos el rio de Motril, para que no se mojasen, que fuera de mucho inconveniente, según el frio que hacia. Pasado el rio, caminó la gente toda en sus ordenanzas, y llegando a Guájar del Fondon, donde se veian las reliquias del incendio que los herejes habían hecho en la iglesia cuando mataron a Juan Zapata, hallaron el lugar desamparado, aunque tenia un sitio fuerte donde se podían defender los moradores. De allí fue el campo á Guájar de Alfaguit, que también estaba solo, y allí se alojó aquel dia. Siendo pues informado el Marqués que los enemigos habían tomado dos derrotas, unos hacia el lugar de Guájar el alto, que también llaman del Rey, y otros por el camino de la cuesta de la Cebada la vuelta de la Alpujarra, envió luego dos capitanes con cada trecientos arcabuceros, que los siguiesen y procurasen atajar. El capitán Lujan llegó á un paso por donde de necesidad habían de pasar los que iban hácia la Alpujarra, y atajándolos, mató muchos dellos, y se recogió sin recibir daño, y el capitán Álvaro Flores siguió a los que iban hácia Guájar el alto, y alcanzando la retaguardia, cargaron tantos enemigos de socorro, que hubo de enviar un soldado á diligencia al Marqués á pedirle mas gente, porque la que llevaba era poca para poderlos acometer; el cual mandó apercibir algunas compañías; y porque los soldados tardaban en recogerse á las banderas, ocupados en robar las casas, fue necesario ponerse á caballo para que no se perdiese la ocasión; y dejando orden a Hernando de Oruña que recogiese el campo, y marchase luego tras él, caminó hácia donde andaba Alvaro Flores escaramuzando con los moros. Fueron delante don Alonso de Cárdenas y don Francisco de Mendoza con un golpe de soldados que pudieron recoger de presto; los cuales dando calor á nuestra gente, acometieron á los enemigos, y los desbarataron y pusieron en huida; y matando algunos les ganaron dos banderas; los otros se recogieron á un fuerte peñón, que está media legua encima de Guájar el alto, donde tenían recogida la ropa y las mujeres. Este es un sitio fuerte en la cumbre de un monte redondo, exento y muy alto, cercado de todas partes de una peña tajada, y tiene sola una vereda angosta y muy fragosa, que va la cuesta arriba mas de un cuarto de legua á dar á un peñoncete bajo, y de allí sube por una ladera yerta, hasta dar en unas peñas altas, cuya aspereza concede la entrada en un llano capaz de cuatro mil hombres, que no tiene otra subida á la parte de levante. A la de poniente está una cordillera ó cuchillo de sierra, que procede de otra mayor, y hace una silla algo honda, por la cual con igual dificultad se sube á entrar en el llano por entre otras piedras, que no parece sino que fueron puestas á mano para defender la entrada, si humanos brazos fueran poderosos para hacerlo. En este peñón tenia puesta toda su confianza Márcos el Zamar, alguacil de Játar, caudillo de los moros de aquel partido, y en él metieron á todas las mujeres con las riquezas de aquellos lugares, y más de mil hombres de pelea, cuando vieron que nuestro campo iba sobre ellos; y haciendo reparos de piedra, de colchones, albardas y otras cosas, tenían por bastante fortificación aquella para su defensa. Nuestros capitanes dejaron de seguir los enemigos; y volviendo á Guájar el alto, hallaron al Marqués de Mondéjar en él con alguna gente de á caballo; el cual por ser muy tarde, y el camino muy áspero y dificultoso para andarle de noche, envió á mandar á Alvaro de Oruña que no marchase hasta que fuese de dia, y con la gente que allí tenia se quedó alojado en aquel lugar. Estando nuestro campo en Guájar de Alfaguit, llegó de Granada el conde de Santisteban, acompañado de muchos caballeros deudos y amigos suyos, que iban á hallarse en esta jornada, y don Alonso de Portocarrero, que ya estaba sano de la herida de Poqueira, con la infantería y caballos que había enviado el Marqués de Mondéjar á pedir al conde de Tendilla”.




CAPÍTULO XXXI.
Cómo se combatió y ganó el fuerte de las Guájaras.

Cuando estuvo el campo todo junto, el marqués de Mondéjar mandó  dar por escrito á los capitanes la órden que se había de guardar en el combate, la cual fue desta manera: que Alvaro Flores y Gaspar Maldonado saliesen con seiscientos soldados á tomar un camino que va hácia la mar, y subiendo por él, fuesen ganando lo alto de la sierra ente mediodía y poniente. Que Bernabé Pizaño y Juan de Lujan con cuatrocientos arcabuceros, tomando la ladera del peñón llegasen a ocupar el cerro que está por bajo del fuerte. Que Andrés Pnce de León y don Pedro Ruiz de Aguayo con las ciento y veinte lanzas de la ciudad de Córdoba, y Miguel Jerónimo de Mendoza y don diego de Narváez con sus dos compañías de infantería, y con ellos el capitán Alonso de Robles, tomasen la parte del norte, y dejando la caballeria abajo, en lugar que pudiesen aprovecharse de los enemigos, si quisiesen hurtarse la vuelta de la Alpujarra, procurasen subir la sierra arriba, lo mas alto que pudiesen, hasta ponerse á caballero del enemigo; y que él con todo el resto del ejército iría por el camino derecho. Y por que los sitios donde habían de ponerse estas gentes no se descubrían desde el lugar donde estaba el campo, y convenía que el asalto se diese á tiempo que el peñon estuviese cercado, mandó que la señal de aviso se diese con una pieza de artillería de campaña. Había de tomar Alvaro de Flores dos grandes leguas de rodeo para irse á poner en su puesto, y por ser la tierra tan áspera no pudo llegar hasta después de mediodía. A esta hora descubrieron los moros la gente que iba tomando lo alto, y saliendo á gran priesa á defender el paso del sitio, donde se iban a poner los capitanes  Pizaño y lujan, no fueron parte para estorbárselo, antes se hubieron de retirar con daño. Estando pues el peñón al parecer muy bien cercado por todas partes, el Marqués mandó dar la señal del asalto, y la infantería subió el cerro arriba, donde aún se veían los regueros de la sangre cristiana , que destilaba por las heridas de los cuerpos desnudos; y hallando el primer peñoncete desocupado, por que los moros que estaban en él le dejaron viendo que Alvaro Flores se les había puesto a caballero en lo alto de la sierra, de donde les hacía mucho daño con los arcabuces, fueron retirándose hácia el fuerte Comenzóse á pelear desde lejos con los tiros de una parte y de otra, venciendo los ánimos de nuestros soldados la dificultad y aspereza de la tierra. Duró el combate hasta puesto el sol, defendiéndose los moros en sus reparos, ejercitando los brazos los hombres y las mujeres en arrojar grandes peñas y piedras sobre los que subían. Desta manera resistieron tres asaltos, no con pequeño daño de nuestra parte, hasta que el marqués de Mondéjar, viendo que ya era tarde, mandó retirar la gente y difirió el combate para el siguiente dia. Quedaron los bárbaros ufanos, aunque no poco temerosos, por conocer que la cercana noche les había alargado la vida; y cuando entendieron que podría haber algún descuido en nuestra gente, ó que reposarian los soldados del trabajo pasado, llamando el rústico Zamar á Gironcillo y á otros moros de cuenta que allí estaban, les dijo desta manera: “Los antiguos nuestros que ganaron la tierra que agora perdemos, metidos entre estas sierras celebraron este peñón y sitio, donde tenían cierta guarida de cualquier ímpetu de cristianos, estando la comarca poblada de moros, y teniendo a su disposición la costa de la mar; mas agora no sé si la tuvieran en tanto, desconfiados de socorro como nosotros estamos, y que de necesidad nos ha de consumir la sed, el hambre y las heridas destos enemigos, que tan valerosamente hemos expelido cuatro veces de nuestros reparos. La que tenemos por vitoria es propia indignación, para que con mayor crueldad pasen las espadas por nuestras gargantas, perseverando, como es cierto que perseverarán en los combates; y lo que mas siento es que pasaran por el mesmo rigor estas mujeres y criaturas inocentes. Tratar de rendirnos en esta coyuntura también será la postrera parte de nuestra vida; porque ¿quién duda sino que el airado Marqués querrá sacrificarnos á todos en venganza de la muerte de sus capitanes? Ea pues, hermanos, guardémonos para otros mejores efetos; y pues la noche nos cubre con su escuridad, y los cristianos están descuidados pensando tenernos en la red, sirvámonos de las encubiertas veredas que sabemos, guiando á nuestras familias la vuelta de la sierra”. Todos aprobaron este parecer, y siendo su capitán el primero, salieron lo mas calladamente que pudieron, llevando tras de sí mucha cantidad de mujeres que tuvieron ánimo para seguirlos, bajando por despeñaderos que aún á cabras pareciera dificultoso camino, y sin ser sentidos de las guardas de nuestro campo que rodeaban el peñón, se fueron hácia las Albuñuelas. Quedaron en el fuerte los viejos y mucha parte de las mujeres con esperanza de salvar las vidas, dándose á merced del vencedor; y antes que esclareciese el dia dijeron á un cristiano sacerdote que tenían captivo, llamado Escalona, que llamase á los cristianos y les dijese como la gente de guerra toda se había ido, y los que allí quedaban se querían dar á merced. El cual se asomó sobre uno de los reparos, y á grandes voces, dijo que subiesen los cristianos arriba, porque no había quien defendiese el fuerte; mas aunque lo oyeron las centinelas y se dio aviso al Marqués, no consintió subir á nadie hasta que fué claro el dia. Entonces mandó á los capitanes don Diego de Argote y Cosme de Armenta que con cuatrocientos arcabuceros de Córdoba fuesen á ver si era verdad lo que aquel hombre decía; y hallando ser ansí, ocuparon el fuerte, y dieron aviso dello. Este dia alancearon los caballos cantidad de moros y moras que iban huyendo; y el Zamar, que levaba una hija doncella de edad de trece años en los hombros por aquellas sierras, porque se le había cansado, vino á parar en poder de unos soldados, que le prendieron, y en granada hizo el conde de Tendilla rigorosa justicia después dél. Fue tanta la indignación del Marqués de Mondéjar, que, sin perdonar á ninguna edad ni sexo, mandó pasar á cuchillo hombres y mujeres cuantos había en el fuerte, y en su presencia los hacia matar á los alabarderos de su guardia, que no bastaban los ruegos de los caballeros y capitanes ni las piadosas lágrimas de las que pedían la miserable vida. Luego mandó asolar el fuerte, dando el despojo á los soldados; y así para esto como para enviar una escolta á Motril con los enfermos y heridos, que eran muchos, se detuvo hasta el lunes 14 de febrero, que envió al conde de Santisteban con el campo á que le aguardase en Vélez de Benaudalla, y él se fue con sola la caballería á visitar los presidios de Almuñécar, Motril y Salobreña; y tornando á juntarse con él, volvió á Orgiba para proseguir en la reducion de los lugares de la Alpujarra. Por la toma deste peñón se hicieron alegrías en Granada, aunque mezcladas con tristeza por los cristianos que habían sido muertos, y lo mesmo fue en otras muchas partes del reino.”




domingo, 8 de febrero de 2015

Urbanismo y Religión en la Salobreña nazarí.

El trabajo que se presenta fue publicado en el año 2012 en la revista local SEL SILVANUS, la cual viene siendo editada de forma anual por la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Salobreña. En él se realiza una visión breve y general del urbanismo y de la vida religiosa en la Salawbinya de época nazarí. 

El autor, José María García-Consuegra Flores, arqueólogo de profesión desde hace ya algunos años, compagina su vida laboral con una investigación personal centrada principalmente en Salobreña y su territorio en época medieval y su paso al mundo cristiano de época moderna. Realizó el programa de doctorado “Arqueología y Territorio” de la Universidad de Granada, culminado en 2007 con la lectura de su trabajo para la suficiencia investigadora basado en el estudio de paramentos del castillo de Salobreña (http://www.ugr.es/~arqueologyterritorio/PDF4/Consuegra.pdf), un trabajo de la llamada Arqueología de la Arquitectura.
Desde entonces, han visto la luz diversos de sus artículos, ya en solitario, ya en colaboración con diversos investigadores locales, en un intento por recuperar y revalorizar el patrimonio histórico y arqueológico de esta región del bajo Guadalfeo. Un grupo que, como bien pregonamos desde PATRIMONIO BAJO GUADALFEO, hace que con cada granito de arena que representa cada una de sus trabajos e investigaciones empiecen a ponerse sobre la mesa de la puesta al día este territorio y su entorno natural que tanto le caracteriza, de caras a un mayor conocimiento y disfrute y a una mejor gestión patrimonial y medioambiental por parte de los ciudadanos y de las administraciones, a partes iguales, cada uno en la medida que le corresponda.

En la publicación que presentamos, como decimos, con algunas adaptaciones y actualizaciones con respecto al texto original, José María nos ofrece una visión general del urbanismo de la Salobreña medieval y expone, de manera somera, divulgativa y desde un punto de vista histórico, cultural y arqueológico, las pautas de la vida religiosa de los musulmanes salobreñeros. Además de lanzar una hipótesis respecto a su mezquita, “de magnífica arquitectura” como bien nos relató Ibn al-Jatib, y que tras la conquista cristiana fue sustituida por la actual iglesia de Nuestra Señora del Rosario.
Sin más, esperamos os guste.



Viniendo por la carretera nacional CN-343 Bailén-Motril desde Granada, a la altura de Lobres, el promontorio calizo donde asienta Salobreña se resalta de manera imponente sobre dos mares: el verde de la vega creada por el Guadalfeo en su tramo final, y el azul del Mediterráneo. Esta era la primera impresión que obtenían los viajeros que en época medieval bajaban a la costa tras una tortuosa ruta por angostas y serpenteantes veredas, una vez sobrepasado el vado de Los Tajos. Y es que, procedente de Granada, esta era la entrada a la denominada por los castellanos como “Tierra de Salobreña” cuando ésta quedó bajo su control a finales del siglo XV. Se trata de un pequeño territorio que se corresponde con el tramo final del curso del río Guadalfeo y su desembocadura en el Mediterráneo, así como las sierras que lo circundan. Un territorio que ya de antiguo se estructuraba y organizaba en base al núcleo urbano que se asentaba en el promontorio rocoso.

La Salawbinya nazarí.

Durante todo el periodo medieval este territorio representó uno de los diversos Distritos (Aqalim) que conformaban la Cora de Ilvira, primero bajo el gobierno del Califato Omeya (siglos X-XI) y posteriormente bajo el dominio de las dinastías norteafricanas de los Almorávides y Almohades (siglos XII-XIII) y el sultanato nazarí (siglos XIII-XV), cuando ya representaba uno de los núcleos de población que más relevancia adquirieron en este último reino islámico, no sólo a nivel político y militar sino, además, como asilo y retiro de diversos monarcas de dicha dinastía desde finales del siglo XIV. Se trata de una incipiente y modesta madina (ciudad) cuyo desarrollo urbano se ve frenado por la ocupación castellana a fines del siglo XV (1489), momento a partir del cual el núcleo habitado queda despoblado y controlado única y exclusivamente por contingentes militares castellanos, que toman la fortaleza salobreñera como punta de lanza desde la cual dominar y controlar todo este territorio.

Es a lo largo de este periodo nazarí que se comienza a tener constancia de los diversos elementos propios del urbanismo islámico en Salobreña, tales como una alcazaba (en este caso la fortaleza preexistente se amplia y mejora con el objeto de alojar a los diversos miembros de la familia real, consolidándose como alcázar-alcazaba urbana); una mezquita mayor o Masyid al-yama´a; unos baños o Hammam; un recinto amurallado; puerto; necrópolis o Maqbara; etc. Tal es así que el propio Ibn al-Jatib en el siglo XV refiere que “los edificios de Salobreña alcanzan bastante celebridad”, e incluso que “tiene una gran mezquita, de magnífica arquitectura”.

Urbanismo y viario.

La trama urbana de Salobreña es de clara tradición andalusí, quedando huella aún hoy día en la morfología de su callejero. Sabemos por la toponimia del siglo XVIII, de la existencia de calles cubiertas y abovedadas tan características en el callejero islámico, es el caso de la c/ de la Bovedilla y la del Arco. La sinuosidad y estrechez del entramado urbano no hacía más que responder a aspectos prácticos pues en realidad se trata de una adaptación al terreno.

La ocupación del promontorio en el periodo nazarí se localiza en su coronación, en la mitad superior. De hecho así ha sido hasta bien entrado el siglo pasado, organizándose la población según los cánones del originario entramado urbano islámico. El núcleo habitado quedaba protegido y rodeado por una muralla y sus correspondientes torreones, erigidos en puntos estratégicos para una mejor defensa de la madina y sus accesos. Su recorrido se ha podido recuperar en parte gracias a los pocos restos que han llegado a nuestros días, a la toponimia en la cual ha quedado fosilizado su trazado y a la documentación de archivo de época moderna, concretamente al Catastro del Marqués de la Ensenada (1752). Se trata de un trazado en forma de luna menguante que se adapta a la topografía del promontorio, salvando la vaguada que se abre a levante que nace a los pies de la Plaza del Mercado y que hoy día conforma la Cuesta del Rosario. Parece ser que el espacio más habitado del promontorio fue el espolón rocoso desarrollado al este de la fortaleza, lugar donde se situaría el acceso principal al núcleo urbano. Por el contrario, el espacio conocido como Albaicín, el espolón desarrollado al sureste de la alcazaba, estaba algo menos habitado, haciendo incluso las funciones de albacar. El nexo de unión que articulaba ambos espacios lo representa la vaguada mencionada anteriormente en cuya cabecera se erigía la mezquita mayor y, posteriormente, la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario y la Bóveda.

De cada uno de los accesos a la madina surgen las vías principales en base a las que se organizaría el solar urbano. En nuestro caso las calles Real, Agrela y, en menor medida, Estación, representan los ejes viarios principales, de los cuales se derivarían calles secundarias. Las viviendas, ateniéndonos a las referencias extraídas del Libro de Repartimiento, parece ser que eran bastante modestas, constituidas por una cocina y una sala o “palacio”. En el mejor de los casos contaban con dos cuerpos de pequeñas dimensiones y un corral. En algunos ejemplos se tiene constancia, incluso, de un pequeño espacio adosado para labrar.

Viario y urbanismo de la Salobreña nazarí (autor: José María García-Consuegra Flores).

El Islam en Salawbinya. Características y Ritos.

Mientras Salobreña y su territorio permanecieron bajo la cultura musulmana fue el Islam la religión predominante entre la población. En ella Dios, Allah para el musulmán, es omnipresente y todopoderoso, el creador de todas las cosas en el universo. Allah, a través del arcángel Gabriel, reveló sus preceptos a su profeta Mahoma (Muhammad), los cuales fueron puestos por escrito en el libro sagrado conocido como Corán (Quran) por sus seguidores tras su muerte. Fueron Mahoma y el Corán los ejes constitutivos de la religión islámica, sirviendo de referente a los fieles seguidores.

El Corán consta de 114 capítulos o Suras, contando cada uno de ellos con indeterminados versículos, los Ayat. A excepción del capítulo inicial, el resto se ordena según su extensión, de mayor a menor y están escritos con prosa rítmica. En él se narran tanto la Ley musulmana como las creencias religiosas, siendo la principal que únicamente existe un sólo Dios (“En nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Di: él es Dios, es único. Él sólo. No ha engendrado ni ha sido engendrado y no hay nada que se le asemeje”. Sura CXII, Ayat 1-4), el cual lo sabe todo, es bueno, piadoso y justo y cuyas decisiones no pueden ser alteradas ni discutidas por nadie. Además, de todas sus criaturas es el hombre su preferida, por ello es el centro del universo. Igualmente, Allah contaba ángeles encargados de hacer cumplir correctamente las leyes divinas, los cuales acompañan a los creyentes durante toda su vida y desaparecen tras el Juicio Final. Con todo, un grupo de estos ángeles se revelaron contra Allah, dirigidos por Iblis (o Shaytan), son los demonios o Dyinn.
A diferencia de los cristianos, el musulmán no tiene un guía religioso o autoridad suprema, como sería el Papa, los musulmanes simplemente conforman una comunidad de creyentes que se reúnen en la mezquita para orar y comunicarse con Allah, organizando y rigiendo su existencia, comportamiento y manera de ser y estar según dictan el Corán y la Sharia.

El sagrado Corán.

Así pues, es la Ley musulmana (Sharia) la que dirige y rige la vida del creyente, el cual la ha de seguir sin desviarse del camino que ésta le marca. Consta de cinco obligaciones básicas que debe cumplir todo buen musulmán, son los llamados “5 Pilares del Islam”:
  1. La Profesión de Fe, o Shahada (“No hay más Dios que Allah; y Mahoma es su enviado / La illa illa-llah; wa Muhammad rasulla-llah”).
  2. Rezar cinco veces al día, o Salat: al alba, a mediodía, por la tarde, al atardecer y por la noche. Este acto se debe de realizar orientándose hacia La Meca y siguiendo un ritual.
  3. Dar limosna, o Zakah. Entrega anual de una ayuda a los más necesitados, según las posibilidades de cada creyente (“Te preguntan cómo han de hacer limosna. Responde: el bien que gastáis que sea para los padres, los parientes, los huérfanos y los viajeros. El bien que hacéis Dios lo conoce”. Sura II, Ayat 211).
  4. El ayuno durante el mes de Ramadán, el noveno de calendario musulmán. En él queda prohibido comer, beber, fumar, tener relaciones sexuales, etc. durante las horas diurnas, quedando excluidos de estas obligaciones niños pequeños, enfermos y embarazadas.
  5. La peregrinación a La Meca al menos una vez en la vida, aquellos que económicamente puedan permitírselo y que la salud se lo permita.

Otras obligaciones y deberes para todo buen creyente son no comer carne de cerdo ni sangre, no beber alcohol, evitar peleas (si no es en defensa del Islam), respetar a la mujer, no ser ocioso y asistir a la oración de mediodía de los viernes (día sagrado) a la mezquita principal.

Es la mezquita su lugar sagrado, representando no sólo el espacio de comunicación con Dios, sino también un lugar de recogimiento, de conocimiento, justicia, educación y paz. Se trata de un edificio orientado de manera que uno de sus lados se encare en dirección a La Meca (Qibla), lugar hacia donde se dirige la oración. En él se abre un pequeño nicho/oratorio (Mihrab) de acceso restringido al Imam, autoridad encargada de dirigir la oración de los viernes.
Estos son los elementos principales en las mezquitas en tanto que en base a ellos se estructura la Sala de Oraciones (Haram) donde los creyentes siguen la oración del Imam, el cual proclama el llamado Sermón (Jutba) desde un púlpito (Mimbar) a la comunidad cada viernes. Las mujeres se sitúan en la parte trasera de la Sala.
De manera previa al acceso al interior de la Sala de Oraciones, el musulmán debe atravesar un Patio (Sahn) en el que se ubica una o varias fuentes en las que purificarse antes de entrar al templo, debiendo lavarse la cara (ojos, boca y nariz), las manos, los pies y los oídos. En ausencia de agua la purificación puede realizarse con tierra o una piedra. Finalmente, cada mezquita cuenta con una torre (Alminar o Minarete) desde donde el Muecín se encarga de llamar a la oración a los fieles las cinco veces prescritas.


Como se comentaba anteriormente, no estamos sólo ante un templo de culto religioso ya que, además, la mezquita jugaba un papel educativo, social y político esencial, en tanto que elemento intermediario entre las comunidades y los agentes del Estado. Con todo, la labor educativa es fundamental, en la que, si bien principalmente se enseña a leer y memorizar el Corán, en las ciudades de cierta entidad se imparten clases de diversas materias, tales como geografía, historia, matemáticas, dialéctica, gramática, etc., así como celebraciones de sesiones judiciales de ámbito local. También representa un refugio para gente desamparada, acogiendo a todo aquel que busque o necesite recogimiento espiritual y personal.


Las pequeñas ciudades, e incluso las poblaciones rurales, cuentan con una sola mezquita, mientras que en las grandes ciudades es común encontrar diversas de ellas difuminadas por los diferentes barrios. Con todo, los viernes la comunidad debe de acudir a la oración a la mezquita principal, o aljama. Gracias a las donaciones de la comunidad, cada mezquita goza de unos ingresos y unos bienes cuyos beneficios revierten en el sustento de las personas encargadas de su funcionamiento y mantenimiento, así como en las diversas funciones educativas y de beneficéncia que realizan para con la comunidad. Son los llamados Bienes Habices.

De la mezquita de la Salawbinya nazarí poca cosa conocemos. Tan sólo contamos con la referencia que hace Ibn al-Jatib al describir Salobreña en el siglo XIV. En dicha descripción simplemente constata que “tiene una gran mezquita, de magnífica arquitectura”. Con toda probabilidad se encontraría en el solar que actualmente ocupa la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario, construida sobre la antigua mezquita en el siglo XVI. Es de suponer que tendría unas dimensiones modestas, formando parte del mencionado conjunto de mezquitas de pequeñas ciudades y núcleos rurales. En este sentido, se han podido establecer diversas tipologías de mezquitas, llamadas rurales, en base a las plantas de las que han podido ser analizadas, a saber:
  • De planta longitudinal. Más profunda que ancha y con tendencia cuadrangular, con tres o cinco naves perpendiculares a la Qibla. Contaría con un pequeño patio en su mitad o tercio noroccidental, y un alminar localizado en un ángulo del patio o en el centro del muro norte. Es el tipo más frecuente observado en al-Andalus y el Magreb, siendo algunos ejemplos las documentadas en Almonaster la Real (Huelva), el Puerto de Santa María (Cádiz) o en el Cortijo del Centeno (Lorca, Murcia).
  • De planta rectangular apaisada. Más anchas que profundas, con cinco naves iguales y perpendiculares a la Qibla. Es el caso de las mezquitas de Vascos (Toledo) y Archidona (Málaga).
  • De planta simple. Con un formato apaisado pero constituidas por un único espacio o por dos naves paralelas a la Qibla, en la cual se abre un Mihrab sencillo, de planta circular o rectangular. Así se observa en la Rábita de Guardamar (Alicante) o en Sa Nitja (Menorca).

En base a esta tipología, y analizando diversas variables como son el espacio y la topografía en la que asentaría, podemos lanzar la hipótesis de que la mezquita de Salawbinya probablemente se encontrara dentro de la categoría de mezquitas con planta rectangular apaisada, con más amplitud que profundidad debido a lo abrupto del terreno, que en este caso nuestro presenta una fuerte pendiente noroeste-sureste. Tanto es así que, ya en el siglo XVI, para la construcción de la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario se hace necesaria la creación de una plataforma más amplia en la que establecer el nuevo templo cristiano, la cual da lugar a la conocida como Bóveda.

Localización de la mezquita dentro del entramado urbano.

Imagen de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario y de la Bóveda.

Pero también en la muerte el Islam representa un sendero de comportamiento, presentando un ritual funerario propio y característico, común a toda la población musulmana. Dicho ritual funerario islámico establece diversos pasos a seguir una vez el individuo fallece:
  • Asistencia espiritual al individuo, en la que se le recita la Profesión de Fe (“No hay más Dios que Allah, y Mahoma es su mensajero”).
  • Purificación del cadáver. Se lavaba el cuerpo del difunto mientras se recitan una serie de oraciones ceremoniales. Por lo general la mujer lava al marido y viceversa. Finalmente se recita la oración llamada “El Trono de Dios”.
  • Amortajamiento. Tras la purificación se viste el cadáver con una camisa nueva y se le envuelve en una sábana de lino, atada en la cabecera y en los pies. La seda está prohibida, así como el introducir en el ataúd elementos de oro o plata.
  • Conducción al cementerio. Se traslada el cuerpo a hombros a la mezquita donde el Imam recita unas plegarias y solicita a los asistentes que den testimonio del comportamiento virtuoso o no en vida del fallecido. Si se dan tres o cuatro testigos favorables (según regiones y tradiciones) el muerto accede al Cielo.
  • Oración por el difunto. Ya en el cementerio (Maqbara), se realiza a los pies de la sepultura, variando según el fallecido sea hombre, mujer o niño/a.
  • Enterramiento. La fosa debe ser cavada en tierra virgen y firme, con una profundidad que alcance medio cuerpo de un hombre. Se deposita el cadáver en decúbito supino o en decúbito lateral derecho, siempre con la cara orientada a La Meca. Se cubre la fosa, sin rellenarla de tierra, mediante lajas y/o piedras. Con todo, antes de cerrar la fosa, se deposita la llamada Carta de la Muerte, colocada bajo la cabeza o bajo la mejilla derecha (en el caso de los hombres); o en la cabecera de la fosa, bajo tierra (en el caso de las mujeres). Esta carta ayuda al muerto en su Juicio Final, realizado por los ángeles Móncar y Faquir (los llamados Ángeles de los Sepulcros).
  • Banquete post mortem. Se celebra durante las siete noches siguientes al entierro y consisten en una comida frugal de “cosas sumarias, no cocidas en olla”. Se le denominada el Bocado Amargo por ser “la comida última que se come por aquel muerto en el mundo”.



Enterramientos de ritual funerario islámico en la c/ Ingenio nº 5 de Salobreña (autor: Diego López Martínez).


José María García-Consuegra Flores


Referencias bibliográficas.

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