miércoles, 12 de noviembre de 2014

LAS PINTURAS PERDIDAS. BREVE RESEÑA Y PROBLEMÁTICA EN TORNO A LAS REPRESENTACIONES RUPESTRES ESQUEMÁTICAS DEL LLANO DE CARCHUNA (MOTRIL, GRANADA)

En esta nueva entrada al Blog, contamos con la participación de un nuevo colaborador. Se trata de nuestro compañero Carlos, el cual nos ofrece una publicación en la que nos informa y expone una discusión científica sobre el curioso hallazgo, por parte del arqueólogo y antropólogo francés H. Breuil, a principios del siglo XX, de diversas pinturas rupestres esquemáticas en el entorno del Llano de Carchuna, no localizadas desde entonces. Realiza, además, una breve descripción de las mismas, señalando su posible ubicación, una vez analizado el texto en el que se dieron a conocer.
El autor de este artículo, Carlos E. Sarompas Cazorla, actualmente trabaja como maestro en el CEIP Pío XII de Torrenueva (centro del cual es Director). Estudió Magisterio, formación que completó posteriormente con la Licenciatura de Geografía e Historia en la UNED. Siendo persona inquieta como es, actualmente está realizando un Máster Universitario en Métodos y Técnicas Avanzadas de Investigación Geográfica e Histórica, con especialidad en Prehistoria, a través de la UNED.
Centra sus investigaciones en el estudio de los periodos prehistóricos del Epipaleolítico/Mesolítico y del Neolítico, así como en la reconstrucción paleoambiental de la costa sur peninsular, durante la transición Plesitoceno-Holoceno. Dirige, además, un blog sobre temas prehistóricos y paleoambientales (http://arqueoprehistoria.wordpress.com/), el cual, evidentemente, os recomendamos que visitéis de manera asidua.
Es así como, viendo el grado de actividad que desarrolla Carlos, no nos queda más que agradecerle que haya querido participar en este Blog, que también es suyo, aportando parte de su creación científica, la cual esperamos que sirva para conocer un poco más y mejor nuestro Patrimonio histórico y natural, así como para concienciar y convencer a la población y (quizás más arduo si cabe) a las autoridades competentes, para que finalmente conciban el Patrimonio como Cultura y Riqueza para todos: lugareños, Municipios, Entidades y foráneos esporádicos y puntuales.
Lo dicho, ¡GRACIAS CARLOS!




Quien se haya acercado al estudio o a la divulgación de la Prehistoria de la costa granadina, conocerá que la única información sobre pinturas rupestres en la zona se debe a la referencia y descripción que hacen, primero Breuil y Burkitt (1929) y, posteriormente, sólo el primero de ellos (Breuil, 1935) respecto a dos figuras esquemáticas rupestres en un lugar concreto, pero desconocido actualmente, del Llano de Carchuna. A parte de estas figuras, sólo se conoce otra, también de tipo esquemático, realizada en un fragmento cerámico hallado en la Cueva de los Murciélagos de Albuñol (Carrasco y Pachón, 2010).

Fragmento cerámico con restos de una representación esquemática procedente de la Cueva de los Murciélagos de Albuñol (Carrasco y Pachón, 2010).

Posteriormente, y pese a los denodados e intensos intentos por encontrarlas que realizó el Grupo de Actividades Espeleológicas de Motril (GAEM) en varias ocasiones desde 1980 (la última en fechas muy recientes), nadie ha vuelto a encontrar las representaciones que Breuil dio a conocer, aunque el dato se sigue mencionando en  diferentes catálogos, inventarios y bases de datos patrimoniales (Dir. Gral. Bienes Culturales, 1995; Archivo Gral. Consejería Cultura, 1989; López y Peña, 1998), o en el propio Planeamiento urbanístico (Ayto. Motril, 2003).

Crónica de un descubrimiento.

En el año 1913 Henri Breuil, prestigioso prehistoriador francés y uno de los primeros grandes especialistas en arte rupestre, inicia una serie de viajes por el sur de España, acompañado del arqueólogo y antropólogo británico M. C. Burkitt. Estos viajes, que se prolongan a lo largo de varios meses en los años 1914, 1916, 1918 y 1919, tienen como objetivo localizar y describir la mayor cantidad posible de lugares con representaciones de lo que denominan como Arte Español del Grupo III,  y que hoy se conoce de manera genérica como Arte Esquemático, esto es, el conjunto de representaciones de carácter esquemático (en las que se simplifican los elementos de un objeto para que puedan ser identificados por cualquier observador, o por los conocedores del código que las inspiró) realizados de acuerdo con una temática convencionalizada y estereotipada no naturalista, en la que las representaciones parecen reducirse a un patrón o a un símbolo, elaboradas sobre un soporte rupestre o mueble, y con una cronología que más o menos se circunscribe a los inicios de la metalurgia (Neolítico final y Calcolítico). 
En esta búsqueda, Breuil y Burkitt recorren especialmente el entorno del Campo de Gibraltar y las sierras gaditanas, aunque también se adentraron en varias comarcas malagueñas y granadinas. Las únicas de este tipo que descubrieron en la provincia de Granada son estas pinturas perdidas del Llano de Carchuna.

El viaje por el sur peninsular de Breuil y Burkitt, y los descubrimientos que realizan, quedan plasmados en el libro Rock painting of Southern Andalusia: a description of a Neolithic and Copper Age art group, cuyo capítulo X se lo dedican a las provincias de Málaga y Granada.

Portada original del libro Rock painting of Southern Andalusia: a description of a Neolithic and Copper Age art group (http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es).

En la página 82 del libro, los autores describen el hallazgo de algunas representaciones esquemáticas en el Llano de Carchuna de la siguiente manera:
 "El lugar más cercano a la Cueva de los Porqueros (zona de Fuente de Piedra-Mollina, Málaga) en el litoral entre Málaga y Almería lo encuentra Breuil cuando se desplazaba a caballo por la costa  entre Albuñol y Motril. El 18 de febrero de 1918 llaman la atención de Breuil algunas pinturas recientes realizadas en cal en las proximidades de Calahonda. Concretamente en el borde occidental (sic) del Llano de Carchuna. Pensó que quien realizó estos dibujos modernos podría haberse inspirado en otros más antiguos. Así que dejó el camino, se acercó a los acantilados y localizó dos figuras juntas en rojo brillante pero descolorido, que resistieron la prueba del lavado con los que demostraron ser realmente prehistóricas. Ambas se asemejan a figuras humanas esquemáticas, una de ellas, una simple cruz y del otro un arzobispo o doble cruz. Debido al imprevisto de este descubrimiento fortuito, Breuil las dibujó a mano alzada en su cuaderno de notas; la primera figura mide unos 50 cm de altura y la segunda 55 cm".

Fragmento donde se describen las representaciones esquemáticas del Llano de Carchuna (http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es).

Interpretación y aclaraciones sobre la descripción de la localización.

El lugar exacto donde se localizarían las figuras puede intentar deducirse a partir del texto de Breuil, aunque su excesiva concisión y el hecho de que proporcione información contradictoria dificultan de manera importante esta tarea. En primer lugar, Breuil habla del borde occidental del Llano de Carchuna para referirse al lugar donde se encuentran las pinturas recientes realizadas en cal y, además, indica que están en las proximidades de Calahonda. Y aquí está, pues, la confusión ya que Calahonda se encuentra en la zona oriental del Llano y no en la occidental. En este sentido, si él procedía de Albuñol, lo lógico es que, una vez sorteada la zona de acantilados que hay entre Castell de Ferro y Calahonda, llegara a  la localidad caleña antes de adentrarse en el Llano de Carchuna y, siguiendo la secuencia del viaje que describe, sería allí donde localizaría estas pinturas recientes, que cree que podrían haber estado inspiradas en otras prehistóricas y que, continuando hacia el oeste, poco después de dejar Calahonda, abandonase el camino y localizase las representaciones esquemáticas. 
Y en segundo lugar, es precisamente en este punto donde puede hallarse otra de las posibles confusiones, ya que dice abandonar el camino para acercarse a los acantilados donde encuentra las representaciones.  

Respecto a la primera problemática planteada, es posible que Breuil simplemente pudiera haberse confundido. En este sentido, García Sánchez y Pellicer (1959) indican que "En febrero de 1918, H. Breuil descubre otro grupo de pinturas en la parte este del Llano de Carchuna, en término de Calahonda", corrigiendo de este modo el error del texto original.
En cuanto al segundo aspecto confuso del texto, es muy probable que el término “acantilado” se utilice en sentido amplio para referirse a un cortado rocoso, y no a un acantilado marino, que es en el sentido en el que normalmente usamos esta palabra.

El tema representado. Descripción de las figuras.

Los dibujos encontrados son, pues, dos figuras de unos 50 cm de altura realizadas con algún tipo de pigmento rojo sobre la pared de una covacha, o abrigo, en las cercanías de Calahonda.

Lámina XXXIII con pinturas esquemáticas descritas en varios yacimientos andaluces.

El primero de ellos, de unos 50 cm, presenta forma de cruz latina con engrosamiento en la parte terminal de cada brazo, siendo el inferior algo más evidente, y los tres superiores menos realzados, pero con presencia de entrantes y salientes en su borde a modo de digitaciones (tres en el caso de los brazos laterales y cuatro en el superior). Completa la figura dos líneas curvas que, sin llegar a tocarlos, unen a modo de arco los brazos laterales con la zona mediana del brazo inferior.

El segundo, algo mayor, de unos 55 cm, es más complejo, y presenta forma de doble cruz latina con el brazo inferior terminado en una especie de gancho que se inicia en un abultamiento en el tercio inferior de dicho brazo. Por su parte, el extremo superior finaliza en un adelgazamiento de borde redondeado. Los brazos laterales presentan diferencias en sus terminaciones. Mientras que los de la derecha tienen los bordes digitados (más el inferior, con aspecto ramiforme), los de la izquierda están unidos por una tenue línea curva y del superior salen dos protuberancias alargadas, algo curvas, que parecen buscar al brazo vertical, y unas finas líneas en forma de ramitas verticales que tienden a separase.

Detalle de las figuras halladas en el Llano de Carchuna (obsérvese cómo la escala del dibujo no coincide con el tamaño de las representaciones, tal y como se describen en el texto).

Para Breuil y Burkitt, este tipo de figuras son representaciones convencionales del ser humano en las que, por omisión de las piernas, la forma degenera en una cruz (Breuil y Burkitt, 1929:6). El nombre de arzobispo que se le da en el texto a la figura más grande, se debe a que las cruces arzobispales presentan dos brazos transversales. 
Actualmente dos son las listas tipológicas más utilizadas para su clasificación (Sanchidrián, 2001). En la primera de ellas (Acosta 1968 y 1983), la primera de las representaciones se clasificaría como un antropomorfo cruciforme, en su variante de cruz latina, donde el trazo vertical representaría el eje Cabeza-Torso y el horizontal, los brazos extendidos. La segunda no entraría, en principio, en ninguno de los tipos definidos por este autor, aunque creo que podría considerarse como una variante con doble trazo horizontal del anterior. 
Según la clasificación de Bécares (1983), la primera sería, al igual que en Acosta, un antropomorfo de tipo cruciforme (Af 4.2 es el código que la da Bécares), mientras que la segunda correspondería con un antropomorfo de brazos y piernas en cruz (Af 4.1).

El significado de dichas figuras se relaciona con las diferentes interpretaciones que se han hecho hasta el momento de lo que Sanchidrián llama pintura esquemática típica (Sanchidrián, 2001:442). Siguiendo a este mismo autor, desde los inicios del siglo XX se asocia la pintura esquemática con el mundo funerario, por la coincidencia entre muchas de las representaciones esquemáticas rupestres y las halladas en las tumbas megalíticas. También Breuil (1935) propuso, además del funerario, una relación con los vínculos matrimoniales y, más tarde, Acosta (1968 y 1983) vio en ellas una especie de lenguaje ideográfico que, de alguna manera, traducía en imágenes la vida cotidiana y los cultos religiosos de las gentes que los realizaron.

En la actualidad, no parece haber duda sobre la importancia simbólica de los sitios donde se realizaron, tanto por la coincidencia en el mismo lugar con representaciones de otros estilos artísticos anteriores, como por la falta de un horizonte arqueológico en estos lugares, lo cual revela su falta de uso con otros fines que no fuesen los simbólico-religiosos. Por otra parte, el hecho de que sólo unos pocos de los abrigos disponibles estuviesen decorados, implica una apropiación cultural del lugar que podría tener relación con algún tipo de control territorial (Martínez García, 1998).

Conclusión, ¿dónde están las pinturas?

Nada sabemos, en la actualidad, de estas representaciones descritas por Breuil y Burkitt en su libro que no vaya más allá de las referencias bibliográficas, o la inclusión en los diferentes inventarios y bases de datos mencionadas en la introducción. Es probable que las pinturas hayan desaparecido por causas naturales, o por la mano del hombre, durante el intenso proceso de transformación del paisaje que ha tenido lugar en la zona durante el último siglo, pero hay algunos aspectos que nos llaman la atención y no podemos olvidar. 

En primer lugar, el "carácter prehistórico" de las representaciones. Breuil, primero observa en las cercanías de Calahonda (probablemente en los acantilados y riscos que orlan la localidad) imágenes pintadas en cal que le recuerdan las que tantas veces ha visto en otros lugares de Andalucía, y cree que los lugareños que las hicieron recientemente pudieron haberlas copiado de otras preexistentes que estuviesen en algún lugar cercano. Es entonces cuando deja el camino y, tras buscar en las paredes calizas cercanas, las encuentra y comprueba, mojándolas, que son prehistóricas, ya que la caliza había formado sobre ellas una costra que las protege e impide que puedan borrarse al humedecerlas.

En segundo lugar, su gran tamaño (por encima de la media en este tipo de representaciones, que se encuentra entre los 10 y 30 cm de alto, Sanchidrián, 2001:443), debería haber facilitado su localización posterior. En este punto, no obstante, es importante indicar que el tamaño que el descubridor atribuye a las figuras en la descripción no coincide con el tamaño en el que las representa en la lámina correspondiente.

Por último, cabe reseñar tres aspectos a tener en cuenta a la hora de intentar establecer su localización:
1.- El camino que, partiendo de Calahonda, se adentraba en el Llano de Carchuna, seguía en gran medida la carretera actual.
2.- El sentido del viaje de Breuil era hacia Motril.
3.- Según parece, sólo necesitó apartarse del camino para encontrar las representaciones.


Con lo expuesto, pues, es de suponer que éstas debían situarse en los antiguos acantilados marinos que se encuentran a la derecha de la carretera N-340, entre las proximidades del actual campo de fútbol de Calahonda y de la EDAR, que es la zona donde las características geomorfológicas y la presencia de materiales rocosos calizos facilitarían la realización de este tipo de representaciones.

En relación con esto, algunos miembros del mencionado GAEM, creen posible que éstas no hayan existido nunca, ya que, de lo contrario, seguramente habrían dejado algún rastro en la toponimia de la zona y que, en el caso de que realmente hubieran estado representadas en alguno de los tajos cercanos al Llano, uno de los lugares más apropiados sería una bóveda hoy colapsada cercana la actual tanatorio de Carchuna-Calahonda. No tenemos constancia, no obstante, que Breuil hubiera confundido en otras ocasiones este tipo de representaciones o su localización, aunque cabe la posibilidad.

Fotografía área y detalle del Mapa Topográfico 1:50000 en la actualidad, con indicación de la de la zona donde probablemente se encontrarían las pinturas rupestres (Google Earth e IGN).

Detalle del Mapa Topográfico 1:50000 en su 1ª Ed de 1938 (IGN).

Tal vez, en un futuro no lejano, y tras la continuidad de los trabajos de prospección en la zona, se terminen por encontrar estas representaciones rupestres. De lo contrario, las pinturas del Llano de Carchuna continuarán perdidas, y seguirán siendo un recuerdo lejano plasmado en la página 82 y en lámina XXXIII de un libro inglés del primer tercio del siglo XX.

Carlos E. Sarompas Cazorla.

Referencias bibliográficas.

- ACOSTA, P. (1968). La pintura rupestre esquemática en España. Universidad de Salamanca. Memorias del Seminario de Prehistoria y Arqueología, 1.
- ACOSTA, P. (1983). Técnicas, estilo, temática y tipología en la pintura rupestre esquemática hispana. Zephyrus: Revista de Prehistoria y Arqueología, 36, pp.13-25.
- Archivo Central de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (1989). Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Granada. Llano de Carchuna.
- Ayuntamiento de Motril (2003). Plan General de Ordenación Urbanística de Motril. Catálogo de Yacimientos Arqueológicos:83.
- BÉCARES, J. (1983). Hacia nuevas técnicas de trabajo en el estudio de la pintura rupestre esquemática. Zephyrus: Revista de Prehistoria y Arqueología, 36, pp.137-148.
- BREUIL, H. & BURKITT, M.C. (1929). Rock painting of Southern Andalusia: a description of a Neolithic and Copper Age art group. Oxford: Clanderon Press.
- BREUIL, H. (1935). Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique IV: Sud-Est et Est de l'Espagne. París: Fondation Singer-Polignac.
- CARRASCO, J. & PACHÓN, J. A. (2010). Las cerámicas neolíticas peinadas y pintadas andaluzas y su relación con los soportes muebles orgánicos de la Cueva de los Murciélagos de Albuñol (Granada). Archivo de prehistoria levantina, 28, pp.107-138.
- Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía (1995). Catálogo de yacimientos con pinturas rupestres en Andalucía. Llano de Carchuna
- GARCÍA SÁNCHEZ, M. & PELLICER CATALÁN, M. (1959). Nuevas pinturas rupestres esquemáticas en la provincia de Granada. Empúries: Revista de Recerca sobre el Món Clàssic i l'Antiguitat Tardana, 21, pp.65-188
- LÓPEZ, M. & PEÑA, J. M. (1998). Actualización y Revisión del Inventario de Yacimientos Arqueológicos de la provincia de Granada. Llano de Carchuna. Sevilla: Archivo del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.
- MARTÍNEZ GARCÍA, J. (1998). Abrigos y accidentes geográficos como categorías de análisis en el paisaje de la pintura rupestre esquemática. El sudeste como marco. Arqueología Espacial, 9-20, pp.543-561.
- SANCHIDRIAN, J. L. (2001). Manual de arte prehistórico. Barcelona: Ariel.









martes, 14 de octubre de 2014

EL PROMONTORIO DE SALOBREÑA, PANORÁMICA SOBRE LOS ORÍGENES DEL POBLAMIENTO HUMANO DURANTE LA PREHISTORIA RECIENTE (5500-800 a. C., aprox.)

Tras un tiempo de silencio, volvemos a la palestra con una nueva aportación. Nueva e interesante aportación la de nuestro compañero Federico Martínez Rodríguez. Este historiador y arqueólogo salobreñero, con una larga trayectoria como arqueólogo profesional e investigador en la zona de Andalucía occidental, y miembro del pequeño e incipiente grupo de investigación S.E.L. (Salobreña Estudios Locales), nos ofrece el avance de uno de los diversos estudios que está llevando a cabo, tanto a nivel personal como de manera conjunta con los diferentes miembros del citado grupo de investigación. En este caso se trata de una revisión y puesta al día de las características del poblamiento y explotación del territorio en época prehistórica en el delta del Guadalfeo, centrándose en el caso concreto del Promontorio de Salobreña.

Tras analizar los, escasos, trabajos que hasta la fecha han visto la luz sobre la Prehistoria en esta región y población, revisa y analiza exhaustivamente, con un nuevo prisma, los materiales arqueológicos conocidos y custodiados en el Museo Histórico de la Villa de Salobreña y en el Arqueológico de Granada, así como el contexto en el que se recuperan, para, a partir de ahí, apuntar hipótesis y lineas de investigación con respecto a las comunidades prehistóricas que se asentaron y explotaron este territorio y los recursos naturales que éste les ofrecía.

Se trata, sin duda, de una pequeña muestra del trabajo metódico y constante que nuestro compañero Federico lleva realizando desde hace ya unos años, compaginando dicha "afición" con su labor de docente en el instituto IES. Nazarí de Salobreña.
Así pues, antes de exponer el trabajo que nos ocupa, agradecer que haya querido compartir con nosotros este avance de su trabajo inédito, el cual esperamos pronto vea la luz, así como los múltiples estudios que el referido grupo de investigación S.E.L. está desarrollando de manera constante y concienzuda en los últimos años. ¡¡Gracias Federico!!!


La ubicación dominante de Salobreña sobre un antiguo promontorio marítimo, en el extremo occidental de la desembocadura del río Guadalfeo, la existencia de buenos recursos naturales terrestres y marinos, un clima templado y regular durante los últimos milenios, así como la abundancia de agua, explican, por un lado, lo que ya estamos en condiciones de adivinar: la presencia y continuidad del poblamiento humano en esta comarca durante periodos muy amplios de la Prehistoria reciente y de la Antigüedad.
En este sentido, no conocemos en toda la costa mediterránea andaluza ningún asentamiento puntual como el promontorio de Salobreña, que ofrezca restos arqueológicos desde el Neolítico hasta la época romana, pasando por las distintas etapas de la Edad del Bronce (antiguo-pleno, tardío y final) y Edad del Hierro o época fenicio-púnica, enlazando con la romanización. Unos 5.000 años de ocupación  en la que se adivinan pocas rupturas en la ocupación y explotación de este territorio, que certifican la verdadera importancia de este emplazamiento en relación a su propio entorno inmediato y a la comarca de la costa de Granada.

Vista aérea del promontorio de Salobreña. Al fondo el Peñón, antiguo islote, y la vega de Salobreña, espacio ocupado por el mar hasta época moderna.

El principal problema arqueológico con el que nos encontramos en Salobreña es similar al de otros yacimientos pluriestratigráficos, o hábitats superpuestos, que estuvieron poblados desde la Prehistoria hasta nuestros días de forma casi ininterrumpida. En este tipo de yacimientos, los niveles sucesivos de ocupación humana han ido alterando y sepultando, parcial o totalmente, los niveles anteriores, siendo, por tanto, muy complicado un estudio estratigráfico y arqueológico, que en el caso de Salobreña nunca se ha abordado.
A pesar de ello, Salobreña, topográficamente, ofrece una peculiaridad que la hace especial a la hora de la detección de materiales prehistóricos y antiguos, sin necesidad de excavaciones arqueológicas. En efecto, el tratarse de una elevación cuya ladera oeste cae de manera abrupta, ha facilitado la detección de materiales arqueológicos rodados de la zona alta, como consecuencia la inapropiada reconstrucción del castillo dirigidas por el arquitecto Francisco Prieto Moreno en los años 60 y 70 del pasado siglo. Evidentemente, se trata de materiales revueltos, de distintas épocas y descontextualizados a nivel estratigráfico, pero que, en cualquier caso, nos proporcionan importantes datos y pistas sobre las distintas culturas y épocas de ocupación del lugar, sobre todo a partir del estudio de los materiales arqueológicos más abundantes: las piezas cerámicas.

La localidad de Salobreña ha sido siempre valorada por los historiadores como una población de origen islámico, citada en las propias fuentes medievales, primeramente como hisn (castillo) y, más adelante, como madina (ciudad). Sin embargo, tenemos constancia que desde el Renacimiento los historiadores y eruditos conocían la cita en latín de Plinio (siglo I) en la que se menciona a Sel (actual Salobreña) al enumerar los oppida (ciudades) bástulo-púnicas del mar ibérico; así como el texto en griego del sabio greco-alejandrino Ptolomeo (siglo II), el cual se refiere a este lugar con el nombre de Selambina. A partir de ello, y a pesar de lo escueto de ambas citas, podía casi asegurarse la existencia de un núcleo de población correspondiente al Alto Imperio Romano y a los siglos inmediatamente anteriores.

Sin embargo, las pruebas arqueológicas no llegaron hasta la segunda mitad de la década de los 80 del pasado siglo, con los materiales cerámicos protohistóricos hallados en las prospecciones geoarqueológicas dirigidas por O. Arteaga y F. Hoffman, inmersas en un amplio proyecto sobre las variaciones de la línea de costa en tiempos prehistóricos e históricos, desde Cádiz a Almería.
Por desgracia, dichas cerámicas no se estudiaron ni publicaron adecuadamente, tan solo se comentó que bien en superficie, o bien en algunos geosondeos, se habían detectado materiales púnicos (siglos VI-III a. C.), griegos (V-IV a. C.) y púnico-romanas (III-I a. C.).
Estos investigadores, además, hallaron en la ladera del promontorio cerámicas a mano mucho más antiguas, que podían fecharse durante el II milenio a. C., es decir, a lo largo de toda la Edad del Bronce (argárico y tardío) y del Bronce final (1000-800 a. C.), hasta enlazar con los comienzos de la colonización fenicia.

Con anterioridad a estas investigaciones, entre los años 1967 y 1976, aparecieron en el Paseo de las Flores, justo al pie del castillo, cuatro tumbas de la Edad del Bronce, pudiendo identificarse el tipo de estructuras, tipo de enterramientos y ajuares, pero fueron destruidas sin ser excavadas arqueológicamente. Las tumbas eran de tres tipos distintos: una cista de lajas de piedra,  otra de mampostería y dos en covacha, en las que fueron inhumados uno, dos o tres cadáveres, con los típicos ajuares compuestos por vasos carenados de influencia argárica (conocidos como “tulipas”) y puñales de remaches, y en una de ellas ofrendas rituales de un ternero.


Cerámicas a mano procedentes del Promontorio de Salobreña: vasos carenados “tulipas”, ajuares de las tumbas del Paseo de las Flores. Edad del Bronce antiguo-pleno (2000-1600 a. C. aprox.). Museo de Granada.

Puñal de cobre con remaches hallado en una de las tumbas del Paseo de las Flores pertenecientes a la Edad del Bronce antiguo-pleno (2000-1600 a. C. aprox.). Museo de Granada.

Según la topografía del promontorio y la naturaleza de los hallazgos, estaba claro que en la zona alta, entre el castillo y el Paseo de las Flores, existió, no sólo una necrópolis, sino también un poblado estrechamente vinculado a ella, seguramente con calles y casas en terrazas a distintos niveles, comunicadas con escaleras, como era lo habitual según el patrón argárico, en el cual las tumbas suelen aparecer bajo las propias casas, o próximas a ellas.

En el año 1992, el arqueólogo Manuel Pellicer, publicó en su libro Aproximación a la Prehistoria de Salobreña algunas cerámicas prehistóricas más antiguas procedentes del promontorio, halladas en las prospecciones de O. Arteaga, fechándolas en la Edad del Cobre o Calcolítico. A partir de estos datos se adelantaba en un milenio los orígenes de ocupación humana de Salobreña.
Pellicer propuso, además, la existencia de un poblado calcolítico ubicado, no en la cima, sino en una zona más baja, al noroeste, en lo que sería el istmo del antiguo promontorio marino. Dicho asentamiento debió estar compuesto  por cabañas circulares, construidas con zócalos de piedra y paredes de tapial o adobes, sosteniendo techumbres vegetales de cañas o ramajes, teniendo en cuenta los poblados coetáneos conocidos en otras comarcas próximas. Este investigador destacó que estábamos ante el primer núcleo preurbano conocido de Salobreña, según él, de mediados del III milenio a. C.

Cerámica a mano procedentes del Promontorio de Salobreña: platos y fuentes de borde engrosado, cazuelas, pesas de telar y productos de sílex del Calcolítico antiguo-pleno (3200-2600 a. C., aprox.)

Pellicer publicó también un pequeño conjunto de cerámicas procedente de aquellas prospecciones, integrado por dos vasos carenados, un cuenco y una típica copa argárica, a partir de las cuales propuso la existencia de un poblado posterior de la Edad del Bronce, ubicado en la parte occidental del actual castillo, constituido por un par de docenas de viviendas de planta rectangular, con cimientos de piedra, muros de adobe y techumbre de ramaje.

Por nuestra parte, en los últimos tres años estamos recopilando bibliografía y datos arqueológicos sobre Salobreña y su comarca, revisando hallazgos antiguos y recientes inéditos, que están matizando y ampliando el conocimiento de estas “edades oscuras” de nuestra historia. La base documental más importante que manejamos consiste en un buen conjunto de cerámicas prehistóricas rodadas desde la parte alta del promontorio, recogidas en la ladera oeste desde la década de 1990 y que se conservan en el Museo de la Villa de Salobreña, actualmente en estudio por nosotros.

A partir de este estudio, confirmamos el origen calcolítico propuesto por Pellicer, pero pensamos que el poblado estaría situado, ya en estas fechas, en el entorno del actual castillo y en la zona del Paseo de las Flores. Por otro lado, la cronología de inicio de la ocupación humana del promontorio parece remontarse más de medio milenio antes de lo propuesto por Pellicer. Nos basamos tanto en cerámicas cuya tipología apuntan al Calcolítico antiguo, como en determinados tipos de fuentes de paredes algo abiertas y platos o fuentes de labio engrosado.
Además, es probable que alguna formas  pertenezcan a momentos anteriores del Neolítico final (3600-3300 a. C., aprox.). Además, hace muy poco el arqueólogo Francisco Martínez Sevilla nos comentó sobre la existencia en el Museo Arqueológico de Granada de un brazalete lítico neolítico procedente del castillo que puede remontarse incluso al V milenio a. C., lo cual nos habla sobre la presencia humana desde estos tiempos. Todo ello estaría en consonancia con los ajuares inéditos hallados en los enterramientos en covacha de origen natural del vecino Monte Hacho, yacimiento que debió funcionar durante el Neolítico y el Calcolítico como necrópolis del poblado situado en el promontorio de Salobreña.

Hacha de roca pulimentada (peridotita) hallada en la zona del antiguo cuartel de la Guardia Civil, en el sector norte del Promontorio. La pieza aparece intacta y sin huellas de uso, por lo que debió formar parte de alguna tumba correspondiente al Neolítico-Calcolítico.

En este último yacimiento se han hallado también algunas cerámicas decoradas con incisiones o acanaladuras y a la almagra,  junto con algunas formas y elementos de suspensión claramente neolíticos, pertenecientes a los primeros agricultores y ganaderos que apuntan al V milenio a. C. En este sentido, el hallazgo de cerámicas impresas del Neolítico antiguo-medio, que podrían alcanzar el VI milenio a.C., en otros yacimientos de la margen derecha del Bajo Guadalfeo, como El Tajo de los Vados 1, Cueva del Capitán y Peñón de Salobreña, en la misma ruta natural de comunicación costa-interior, nos hacen pensar en la más que probable ocupación ocasional o permanente del promontorio de Salobreña desde tiempos antiguos del Neolítico. Esta apreciación tiene su lógica por ser este el punto más importante de control de los recursos del entorno marítimo, terrestre y fluvial de todo el bajo Guadalfeo.

Borde de olla fabricada a mano, correspondiente al Neolítico antiguo-pleno (VI-V milenio a. C.), decorada con guirnaldas de cordones impresos, hallada en las excavaciones de urgencia de 1992 en el Peñón de Salobreña.

Igualmente, entre el lote antes citado de la ladera oeste del Promontorio, confirmamos la existencia de un nuevo conjunto de cerámicas de la Edad del Bronce antiguo-pleno. Entre ellas destacamos orzas de perfil en S y cuencos semiesféricos decorados (o no) con impresiones en el labio, así como vasos carenados grandes o pequeños con las superficies alisadas o bruñidas.
Por último citar también un buen lote correspondiente al Bronce final, integrado por las típicas cazuelas de carena alta, de tonos oscuros y superficies bruñidas, así como grandes orzas de almacenamiento de perfil en S y fondo plano.

Fragmentos de orzas, vasos carenados y vasos con impresiones en el labio fabricados a mano, propios de la Edad del Bronce antiguo-pleno. Procedentes del Promontorio de Salobreña, rodadas desde la zona del castillo.

Cerámicas a mano: fragmentos de ollas y orzas de almacenamiento de fondo plano, cazuelas bruñidas de carena alta y cuencos de engobe rojo, propias del Bronce final (1000-750 a. C., aprox.), igualmente procedentes del Promontorio de Salobreña.

Todo ello confirma la continuidad del poblamiento hasta el final de la Prehistoria de una comunidad indígena que conformaría el sustrato del oppidum bástulo-púnico (o ibero-púnico) de Selambina, hecho éste certificado por un buen lote de cerámicas conservadas en el Museo de Historia de Salobreña. Dicho conjunto cerámico establece un arco cronológico que abarca desde el siglo V a.C. al siglo III a.C., siglo éste último en el que se inicia la romanización, constatada a su vez por la presencia de las típicas cerámicas itálicas de barniz negro (Campanienses) y las posteriores de barniz rojo (las archiconocidas como Terra Sigillata.


Por último, agradecer a Domingo Armada, técnico de Cultura y Patrimonio del Ayuntamiento de Salobreña por facilitarme en todo momento mi labor investigadora, así como al Área de Cultura de esta entidad. Agradecer también la ayuda y las sabias reflexiones de José Navas, arqueólogo e historiador salobreñero y a José María García-Consuegra Flores por dejarme un hueco en su interesante blog, que espero siga adelante con interesantes aportaciones de otros colegas.


BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL
  •  ARTEAGA, O. (1989): “Las transformaciones del medio costero de Salobreña (Granada). Causas naturales e históricas”, en Ciclo de conferencias pronunciadas con motivo del V Centenario de la incorporación de Salobreña a la corona de Castilla (1489-1989), Ayuntamiento de Salobreña, pp. 55-83.
  •  ARTEAGA, O.; NAVAS, J.; RAMOS, J.F.; ROOS, A. (1992): Excavación de Urgencia en el Peñón de Salobreña (Granada), Ayuntamiento de Salobreña.
  •  ÁVILA, M.; y otros (1998): Itinerarios arqueológicos de Salobreña. Alhulia, Salobreña.
  •  ESQUIVEL,  J. A. y ARANDA, G. (2007): “De cazadores recolectores a agricultores y ganaderos", en AA.VV (2007): Patrimonio arqueológico de la Costa de Granada. De la Prehistoria a la Edad Moderna, Diputación de Granada, pp. 13-71.
  •  GARCÍA-CONSUEGRA FLORES, J. Mª.; NAVAS RODRÍGUEZ, J. (2008): “La incidencia humana en el paisaje costero de la desembocadura del río Guadalfeo (Granada)”, en Arqueología y Territorio. Revista Electrónica del programa de Doctorado, nº 5.
  •  PAREJA LÓPEZ, E. y MEGÍA NAVARRO, M. (1978): Salobreña. Datos para su historia. Diputación Provincial, Granada.
  •  MARTÍNEZ, F. (2014). “Tajo de los Vados 1 (Salobreña, Granada). Datos sobre un poblado neolítico situado junto al antiguo delta del río Guadalfeo”,  Bastetania 2.
  •  PELLICER, M. (1992). Aproximación a la Prehistoria de Salobreña, Ayuntamiento de Salobreña.
  •  SAROMPAS, C. (2007). “La prehistoria”, en PÉREZ HENS, J.M. (2010): Historia de Motril y de la costa de Granada, Ayuntamiento de Motril.








jueves, 10 de julio de 2014

SALOBREÑA A OJOS DE LOS ROMÁNTICOS. UNA VISIÓN ARTÍSTICO-LITERARIA.

A lo largo del segundo y tercer cuarto de siglo XIX (1830-1850) muchos fueron los autores románticos de renombre, tanto artistas como literatos, que visitaron la Península Ibérica, plasmando con la sugerente pincelada que caracterizaba al emergente movimiento del Romanticismo, el sugerente exotismo de uno de los paisajes y sociedades más puros en este sentido para sus coetáneos: la cultura y sociedad española del diecinueve.
Fue España, pues, uno de los escenarios idóneos, y que más posibilidades ofrecía a estos artistas, para dar rienda suelta al pintoresco y evocador velo romántico del momento. Andalucía, y más concretamente la ciudad de Granada, fueron uno de los principales focos de atracción de estos ensoñadores y añorados artistas.

Y es que la España de la época era considerada por la vieja Europa como un país extraño, distinto, e incluso, asalvajado e incomprensible. Todo ello, junto a su pintoresquismo, sus atávicas tradiciones y la pervivencia de las muchas ruinas medievales, constituían motivos suficientemente atrayentes. Tal es así, que para Allison Peers España era un país romántico “por naturaleza, pues su vida y cultura continúan presentando época tras época las cualidades que la palabra Romanticismo implica”.
Sebastien Mercier refirió que “on sent le romantique, on ne le définit pas”, y es que nos encontramos ante una actitud vital compleja, heterogénea y sutil, en la que prevalece el sentimiento y el subjetivismo frente a la razón, tan imperante en el ámbito intelectual de la época. Ahora es lo personal, el sentimiento causado en la persona, lo que se plasmará en la expresión artística, eje sobre el cual se entenderá el sentido de la vida, buscando en el pasado los valores originales, así como perdidas motivaciones por el ser humano.
Tal subjetivismo dio lugar a un amplio abanico de matices con los que manifestar los diversos y múltiples sentimientos ansiosos de evasión con respecto a la cruda realidad, considerando el pasado como el origen de los sentimientos y actitudes más puras y sinceras. Con ello, las diversas manifestaciones románticas emanarán una constante lucha entre lo que se ve y cómo se percibe.

Se refería anteriormente que la ciudad de Granada suscitó una especial atracción a estos artistas románticos. Personajes tan eminentes como Gautier, Delacroix, Doré, Davillier, Matisse, Ford, Breton, Lavallée, Girault de Prangey o Irving visitaron, e incluso se instalaron, la antigua capital nazarí, fuente inagotable de materia prima, tanto por la cantidad y calidad de sus edificios y monumentos medievales, como por el aire pintoresco, primario e incluso a veces grotesco, de la ciudad y de sus habitantes. A ellos añadir autores españoles y locales fervientes seguidores de este nuevo modo de ver y entender la vida y la realidad, tales como Zorrilla, Gayangos, Lafuente Alcántara, Fortuny o Simonet.
Para el caso de Salobreña, son escasos los testimonios que nos han llegado, la mayoría de los cuales sobrios en detalles, correspondientes a meras descripciones generales. Con todo, espléndidas excepciones las constituyen los relatos de Irving y dos pasteles de Delacroix.


Como se ha dicho, escasos y parcos son los testimonios de románticos españoles que refieren de algún modo a la Salobreña del diecinueve. Es el caso de FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA. Este ilustre profesor de Filosofía en la Facultad de Letras de la Universidad de Granada nació en esta ciudad en 1787 y murió en Madrid en 1862. Durante la Guerra de la Independencia estuvo en Cádiz como miembro de la Junta de Defensa de Granada y como diputado por dicha ciudad en la Asamblea. Fue autor de varias obras de las que le sobrevivirá tan sólo su trabajo histórico “Hernán Pérez del Pulgar, el de la Hazaña” (1834), en el cual describe el intento de Boabdil de tomar la fortaleza de Salobreña en 1490:

“...la fortaleza de Salobreña, escasa de presidio, de manteni­mien­tos, de agua: en términos que con sólo mostrarse en el ameno valle que a su falda se extiende, le abrirían la puertas del mar el resguar­dado castillo, si bien fuerte de sitio, en la cima de un monte, áspera la subida de un lado, y guarnecido por la parte opuesta con las olas del mar.”

Otro ejemplo lo representa MÁXIMO LAGUNA VILLANUEVA. Célebre ingeniero, botánico y entomólogo, llegó a ser Director de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes de El Escorial (entre 1871 y 1878) y Jefe de la Comisión  de la Flora Forestal de España (1866-1888), entre otros. En su discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid el 11 de marzo de 1884, al hablar de Sierra Nevada remarca:

“La vista de Sierra Nevada desde el mar, con el fondo majestuoso del Mulhacén nevado, como fondo de los pueblos de la Alpujarra, la prefiero al paisaje de la Riviera. Un contraste de este tipo, como el que aquí ofrece la naturaleza: el mar azul, frente a los campos verdes de caña de azúcar y patatas a nuestros pies y el imponente Mulhacén nevado, a sólo 30 kms de distancia, no lo ofrece ninguna montaña de Europa.”

“Devant de Salobrena et la côte d´Almeria”. Pastel de E. DELACROIX 1832. (ARAMA, A.: Delacroix. Un voyage initiatique…)

Algo más pródigo en su discurso fue MIGUEL LAFUENTE ALCÁNTARA, hermano del arabista Emilio Lafuente Alcántara y miembro de una de las familias más destacadas de Archidona. Ejerció la abogacía en Granada, fue elegido diputado por Archidona en 1846, miembro de la Real Academia de la Historia en 1847 y fiscal de Hacienda en La Habana, donde murió en 1850. En su obra “Historia de Granada: comprendiendo las de sus cuatro provincias Almería, Jaén, Granada y Málaga, desde tiempos remotos hasta nuestros días” (1843) refiere:

“La fortaleza de Salobreña. Este alcázar servía de antiguo para retiro de los Reyes de Granada, para depósito de sus tesoros y para prisión de altos personajes por eso allí fue encerrado Yusef con su esposa y servidumbre. No fue tan duro Mohamed que condenó á su inofensivo hermano á una prisión estrecha y sombría. Le permitió pasear por todo aquel valle, el mas hermoso y fértil de toda la costa. En el castillo, construido sobre una colina al borde mismo del mar, descollaba un palacio con ajimeces á todos vientos. Desde los salones del sur se descubrían el Mediterráneo en toda su anchura y la vela de los navíos deslizados sobre las olas: las brisas suaves transmitían á veces el canto de los pescadores y la voz de mando de los marinos, y á veces escuchábase entre el rugido de la tempestad la triste voz de los náufragos. Eran tan deleitosos estos pensiles, que los poetas árabes los comparaban con el Edén."

A pesar de causar mayor impresión a los artistas europeos que la visitaron, éstos no son mucho más expresivos en sus referencias a Salobreña, siendo una notable excepción, como veremos, las de Washington Irving. En este sentido cabe mencionar el caso de RICHARD FORD. Este autor inglés se trasladó a Sevilla (1830-1833) por motivos de salud de su esposa, periodo que aprovechó para viajar por buena parte del país. A lo largo de sus viajes plasmó en su cuaderno de notas costumbres, paisajes, monumentos y obras de arte, dando lugar en 1845 a la publicación  de su “Manual para viajeros por España y lectores en casa” el cual vio la luz en forma de volúmenes por regiones. En la Ruta XXV que le lleva de Adra a Málaga, describe de la siguiente manera su paso por Salobreña:

"La carretera continúa bordeando el mar hasta Salobreña, la ciudad de Salambó (Astarté), que fue en otros tiempos la importante ciudad árabe de Shalúbániah y ahora ha quedado reducida a una aldea; en el castillo roquero los musulmanes guardaban sus tesoros. Ahora es una ruina y la actual pobreza no necesita almacenes.”

Erudito acomodado y coleccionista de obras de arte, CHARLES DAVILLIER viajó por buena parte de Europa si bien España siempre le atrajo de manera especial. Privilegiado compañero de viaje fue GUSTAVE DORÉ, una de las grandes figuras del grabado de ámbito europeo por ilustraciones como La Divina Comedia de Dante (1861), Don Quijote (1863) o Las Fábulas de Fontaine (1867), el cual fue plasmando con su obra las narraciones de Davillier. Dicha simbiosis de virtudes literarias y pictóricas dio como resultado la obra conjunta titulada “Voyage en Espagne” (1874). A su paso por Salobreña, en su trayecto de Almería a Málaga, la descripción que de ella ofrecen es bastante escueta:

“Poco tiempo después de haber dejado Motril, llegamos a Salobreña, pueblo poco interesante en sí mismo, pero cuya fundación remonta a Salambó en persona. Por lo menos tal es el origen reivindicado para ella por un historiador español, y esto mucho antes del ruido armado alrededor de la Venus fenicia por una novela francesa.”

Más literario es el testimonio de JOHANNES REIN. En 1872, durante el viaje que realiza de Marsella a Marruecos a bordo del vapor “Souéra”, describe la impresión que le causa desde el barco el tramo de costa comprendido entre Almería y Salobreña, con Sierra Nevada al fondo:

“Con el avanzar del barco y con la evolución de la luz, se variaba a cada momento la figura y el color de los paisajes. Especialmente impresio­nante era el aspecto que ofrecían la parte más alta de la sierra, donde la cadena de montañas desnudas y colocadas en primera línea permitía, a través de sus profundos barrancos, la visión del fondo nevado, como venía acaeciendo desde Almería, Adra, Motril y Salobreña.”

Pero sin duda será WASHINGTON IRVING el que más y mejor plasme la esencia literaria más puramente romántica del momento en Granada a través de sus relatos. Tal fue su fascinación por la ciudad que acabó habitando en ella, instalándose sus primeros años en los palacios nazaríes de la Alhambra. Salobreña será escenario en dos de sus obras más conocidas. Se trata de la “Crónica de la conquista de Granada” (1829) en la cual es referida en dos capítulos. De un lado, en el capítulo sobre la muerte de Muley Hacén, padre y predecesor de Boabdil en el trono, refiere:

“En tanto que continuaba en aquella pasiva y desvalida condición, el Zagal manifestó una extraña y súbita ansiedad por la salud de su hermano, ordenando trasladarlo con toda delicadeza y cuidado a Salobreña. Otra plaza fuerte en la costa mediterránea, famosa por sus aires puros y saludables, encargando al alcaide del lugar, quien era un ferviente partidario suyo, no omitir nada para la comodidad y alivio de Muley Hacén.
Salobreña, era un pequeño pueblo, situado en una suave y pedregosa colina, en el centro de una fértil y bella vega, encerrada entre montañas por tres de sus lados y abriendo el cuarto hacia el Mediterráneo. Hallábase protegida por fuertes murallas y un poderoso castillo, considerado como inexpugnable, destinado como residencia para aquellos hijos de reyes y hermanos rebeldes que pudieran comprometer la seguridad del reino. Solazábanse allí los príncipes en sibarítico reposo, disfrutando de deliciosos jardines, perfumados baños y un harén de bellezas a su disposición. Nada les era negado: únicamente la privación de la libertad impedía que esta morada fuese un verdadero paraíso terrenal. Tal fue el delicioso lugar elegido por el Zagal para residencia de su hermano; pero, no obstante su maravillosa salubridad, el achacoso rey expiró a los pocos días de ser trasladado hasta dicho sitio.”

Más adelante, relata del siguiente modo la expedición que en agosto de 1490 dirige Boabdil sobre Salobreña (entregada a los castellanos en la Navidad de 1489) en su intento por recuperarla, y cuyo territorio queda descrito con todo lujo de detalles y cierto aire hedonista:

“Percatóse Boabdil de que su disminuido territorio se hallaba domina­do muy de cerca por la fortaleza cristiana de Alcalá la Real y también estrictamen­te vigilada por los alcaides como el Conde de Tendilla, capaces de mantenerse por sus propios recursos. Sus correrías y expediciones se encontraban expuestas a ser interceptadas y derrotadas, mientras que la destrucción de la vega había terminado con todos los recursos de que dispo­nía la ciudad para su manteni­miento. Comprendiendo, pues, la necesidad de tener un puerto marítimo, por el cual, como en tiempos pasados, pudiera tener abierta una comunicación con África y obtener así refuerzos y abaste­cimientos allende el mar. Pero todos los puertos estaban en manos de los cristianos y Granada y los retazos de su territorio de ella dependientes hallábanse completamente cercados por tierra.
Ante tal emergencia, Boabdil fijó su atención en el puerto de Salobre­ña. Aquella formidable plaza fuerte, mencionada anteriormente en esta crónica, era considerada como lugar inexpugnable en opinión de los moros, tanto que sus reyes acostumbraban en tiempos de peligro guardar sus tesoros en la ciudadela de esa importante población, construida en una elevada y rocosa colina que dividía una de aquellas ricas y pequeñas vegas o llanuras que yacen abiertas al Mediterráneo, aunque se introducen como profundas y verdes ensenadas en el áspero seno de las montañas. La vega estaba cubierta con una preciosa vegetación, arrozales y algodoneros; alamedas de naranjos, limoneros, higueras y moreras; además, jardines encerrados entre setos de cañaverales, áloes e higueras de la India o chumbas. Frígidos cursos de agua, provenientes de los manantiales y nieves de la Sierra Nevada, conservaban este delicioso valle continuamente fresco y lleno de verdor, casi encerrado enteramente por una cadena de montañas y elevados promontorios que se extendían lejos dentro del mar.
En medio de esta rica vega la roca de Salobreña levantaba su áspero lomo casi dividiendo la vega y avanzando hasta la orilla del mar, con apenas una faja de arenosa playa a sus pies, bañada por las azules olas del Mediterrá­neo. La población cubría la fila y laderas de la colina y aparecía fortificada por robustas murallas y torres, mientras en su parte más alta y escarpada se asentaba la ciudadela, una gran torre que daba la impresión de formar parte de la misma roca viva, cuyas macizas ruinas, tal como hoy pueden ver, atraen la mirada del viajero, a medida que va dando vueltas al camino que baja a la vega.”

En uno de sus “Cuentos de la Alhambra” (1832) Salobreña será escenario principal. Se trata de “La leyenda de las tres hermosas princesas”, la cual relata el cautiverio salobreñero de las princesas Zayda, Zorayda y Zoraida:

“Muchos años tenían que pasar para que las princesas llegasen a la edad de peligro: a la edad de casarse. -“Es bueno, con todo, precaverse con tiempo”- dijo el astuto monarca y, en su virtud, decidió encerrarlas en el castillo real de Salobreña. Era este un suntuoso palacio incrustado, por decirlo así, en la inexpugnable fortaleza morisca situada en la cumbre de una colina que domina el mar Mediterráneo, sirviendo de regio retiro en donde los monarcas musulmanes encerraban a los parientes que pudieran poner en peligro su seguridad, permitiéndoles todo género de lujo y diversiones, en medio de las cuales pasaban su vida en voluptuosa indolencia.
Allí vivían las princesas, separadas del mundo, pero rodeadas de comodidades y servidas por esclavos que les adivinaban todos sus deseos. Tenían para su recreo delicio­sos jardines llenos de frutos y flores más raras, con arboledas aromáticas y perfumados baños. Por tres lados daba vista el castillo a un delicioso valle, hermoso y alegre por su rica y variada vegetación, y limitado por las altas montañas de la Alpujarra; por el otro lado dominaba el ancho y resplandeciente mar.” […]
El castillo de Salobreña, como ya se ha dicho, estaba construido en la cúspide de una colina a orillas del Mediterráneo. Una de las murallas exteriores se exten­día por la base de una colina hasta llegar a una roca saliente que dominaba el mar, y con una estrecha y arenosa playa al pie, bañada por las rizadas olas. La pequeña atalaya que se levantaba sobre esta roca se había convertido en una especie de pabellón, desde cuyos ajimeces, cubiertos con celosías, se podía aspirar la brisa del mar. En aquel sitio pasaban las princesas las calurosas horas del mediodía.”

“Interior de la Torre de las tres infantas”. EDWIN LORD WEEKS (www.edwinlordweeks.org)

Como ya quedó dicho más arriba, uno de los aspectos que más seducían a estos viajeros románticos, además de las representaciones de edificios singulares, eran los paisajes y escenas costumbristas, es por ello que no son pocas las muestras pictóricas que nos han legado artistas como Doré, Delacroix, Matisse, Rowe o Laborde, así como los españoles Sorolla o Fortuny. Si bien es Granada la niña bonita, Salobreña captará la atención puntual de algunos de estos artistas.

Es el caso de EUGÈNE DELACROIX, el cual formó parte en 1832 de una misión diplomática del gobierno francés por el Magreb. Este periplo a través de Marruecos, Argelia y las costas andaluzas lo irá plasmando en lienzo. El resultado de este viaje y de los documentos pictóricos ha sido publicado recientemente por Maurice Arama en la obra “Delaroix. Un voyage initiatique. Maroc, Andalousie, Algérie” (2006). En él se relata el paso de la expedición frente a las costas salobreñeras y cómo el autor decide plasmarlo sobre el lienzo:

“Sur le pont, à l´abri d´une chaloppe, il s´était annexe un point d´observation. Il ne s´était résolu à secouer son indolence que le jeudi 19 janvier après le passage devant Salobrena et les “côtes charmantes à voir”, il avait  alors happé de frottis de pastel ou de jus d´aquarelle, sur un carnet à la italienne, les effets fauces et les harmonies violases dont le ciel habille les roches quand le soir embrasse le firmament.”

“Le 19 Janvier”. Pastel E. DELACROIX 1832. (ARAMA, A.: Delacroix. Un voyage initiatique…)

Comprobamos, pues, cómo una misma realidad, en este caso la Salobreña del diecinueve y su entorno, es percibida y concebida de distinto modo y con diferentes y variados matices según el tamiz con que se observe. Este hecho quedó acentuado por el desarrollado sentido de la susceptibilidad sensorial de que hacían gala estos románticos añorantes de lo original y primario, amantes de lo exótico y fervientes partidarios de las actitudes y aptitudes más básicas y atávicas del alma humana. 

Referencias Bibliográficas

  • ARAMA, M. (2006): Delacroix. Un voyage initiatique. Maroc, Andalousie, Algérie, París.
  • IRVING, W. (1829): Crónicas de la conquista de Granada.
  • IRVING, W. (1832): Cuentos de la Alhambra.
  • VIÑES, C. (1982): Granada en los libros de viaje, Granada.

José María García-Consuegra Flores.